Son los únicos que han logrado con éxito saquear los minibancos

Cacos uruguayos a la cabeza en robo de cajeros automáticos

El último éxito de los «expertos en cajeros» locales quedó al descubierto el pasado domingo cuando la Seccional 8ª de la Dirección de Seguridad descubrió que en Ariel 4896, entre Ignacio Rivas y 28 de Febrero, había desaparecido la máquina que allí estaba emplazada. Luego se supo que estaba recién instalada y que por eso no estaba totalmente empotrada y tampoco tenía alarma.

Estas medidas de seguridad tampoco impidieron que en casos anteriores los delincuentes concretaran sus propósitos. El antecedente en la materia fue marcado por una organización que a mediados de 1999 se llevó un cajero instalado en la Ciudad de la Costa y cuya estructura apareciera días después en la capital, casi al límite con el departamento de Canelones. Pasó casi un año para que el segundo episodio se registrara.

Seguidilla

El nueve de mayo de 2000 quedó al descubierto el robo del minibanco instalado en el interior de una mutualista. En la oportunidad se estableció que los autores del ilícito habían cargado el artefacto de unos 600 kilos en una chata, luego de desempotrarlo, y lo trasladaron seis cuadras hasta cargarlo en un camión. Los efectivos de la Seccional 9ª lograron con el correr de las semanas capturar a los responsables y recuperar una ínfima parte de los 60 mil dólares que poseía el aparato.

A cinco meses de aquel suceso se registró el último en la zona de Sayago. Los ladrones especializados entraron al habitáculo en el que se encontraba el pesado botín mediante el uso de una tarjeta magnética, la misma que usa cualquier ciudadano para entrar y cobrar su sueldo, para realizar un depósito o simplemente sacar un estado de cuenta.

Pero el domingo de madrugada los que entraron se llevaron todo. La tarea se les facilitó por los factores antes mencionados a la hora de extraer el pesado objeto. Luego todo indica que lo subieron a un camión y se lo llevaron sin que nadie hasta el momento haya podido aportar información de valor a los investigadores. Ayer de mañana un equipo de la División Homicidios que recorría la calle Antonio Rubio advirtió al pasar por el puente sobre el arroyo Pantanoso que los restos desguazados del cajero estaban allí.

El botín que les reportó la maniobra a los maleantes en este caso ascendió a los 80 mil dólares. Esta seguidilla de robos marca una nueva brecha para los delincuentes y se estima que en estos casos los golpes son concretados por «gente de experiencia» y con una mediana infraestructura y organización.

Si bien estos tres hurtos fueron cometidos con una misma modalidad, hay también un antecedente de robo contra otro cajero, pero bajo otra especialidad en la que los cacos uruguayos también «hacen escuela»: el boquete. Ocurrió hace un año (el cuatro de octubre de 1999) contra el local que está ubicado en Agraciada 4267.

Los boqueteros habían ingresado a un comercio vacío que estaba lindero al banco. Desde allí hicieron su trabajo, que les permitió ingresar al cofre del cajero y apoderarse de una importante suma de dinero.

Fracasos externos

La presencia de los cajeros en todas partes del mundo es un hecho consumado que, como todos los avances tecnológicos, llega al sur de América con algunos años de retraso. Sin embargo, ya hace un largo período que son parte del paisaje de las ciudades latinoamericanas y, al igual que en Uruguay, los delincuentes de otros países han aprovechado este tiempo para buscar la forma de vulnerarlos.

Pero según los resultados de los últimos tiempos no han tenido la misma suerte que los «malandros» locales. Por ejemplo, en la provincia argentina de Córdoba, el 12 de junio, una banda fracasó en su intento de robar un cajero que había arrancado con sogas atadas a una camioneta. La agencia Reuters informó en su momento que luego de arrastrar la máquina por más de 200 metros, los ladrones se vieron obligados a abandonarla en medio de la calle, tras darse cuenta de que era imposible sacar el dinero que contenía.

Por su parte, la agencia AFP informó a principios de julio que los cajeros electrónicos, con todo lo pesados y complicados de manejar que puedan ser, se han convertido en un interesante botín para los ladrones de São Paulo, donde se produjeron al menos tres intentos de robo.

Doce hombres armados invadieron un edificio de Telefónica en el oeste de São Paulo tratando de hacerse con un cajero automático de la mayor entidad bancaria del país, Bradesco. Al ser alertada por vigilantes, la Policía detuvo a cuatro asaltantes, aunque otros ocho escaparon. Un caso similar había ocurridías atrás en el aeropuerto nacional de Congonhas, en São Paulo, donde unos ocho ladrones casi consiguieron llevarse uno tras una complicada trama.

Un vigilante explicó a periodistas que al abrir el portón del hangar para dejar salir un vehículo, ingresó otro con varios ocupantes que lo dominaron, junto a otras 15 personas, y les obligaron a trasladar el cajero a un microbús, aunque finalmente éste tenía la puerta demasiado pequeña.

Y el último caso se produjo en Chile el 23 de julio con resultados igualmente negativos para los saqueadores.

En Santiago los frustrados asaltantes habían preferido métodos más rústicos a la hora de llevarse el «tesoro»: hacerlo estallar.

Sobre este acontecimiento DPA informó que el hecho ocurrió en un cajero perteneciente al Banco de A. Edwards, en pleno centro de la capital trasandina.

Testigos indicaron que el artefacto estaba confeccionado con materiales caseros y envuelto en una bolsa plástica, por lo que la policía maneja como tesis inicial que se intentó volar el cajero automático pensando que su estructura cedería a la explosión y entonces podrían tomar el dinero tranquilamente. Pero una vez más no pudieron.

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