Armada, una señora implora a la Justicia el cierre de un taller mecánico de Peñarol
Teresa Cabrera, de 70 años, cansada de realizar un sinfín de denuncias en las oficinas de la Seccional 21ª, se comunicó con LA REPUBLICA para expresar lo que viene padeciendo desde que comenzó a funcionar a metros de su finca un taller mecánico instalado en el cruce de Pantanoso y Molière, en la zona de Peñarol. La damnificada aseguró que la muerte de su esposo, hace tan solo 20 días, se debe en parte «a los maltratos, la insolencia y a los ruidos interminables que se cometen en el interior de ese inmueble». La señora agregó que «mi marido, con quien llevaba 52 años de casada, se murió porque no podía vivir en paz, y el dueño de este comercio y su familia lo llevaron a la muerte». Julio César Peláez, según el testimonio de su esposa, falleció a los 73 años luego de sufrir un infarto cuando se encontraba en su modesta vivienda de Peñarol. Le habían detectado cáncer de estomago unos años atrás, y según la denunciante su estado de salud era muy delicado. «Pegado al taller mecánico viven mi hermana y su marido. Son dos personas que no están bien de salud, y desde que empezó a funcionar el taller la salud de ambos empeoró notoriamente. En el momento en que instalaron el comercio, el dueño, que tiene alrededor de 30 años, para separar ambas propiedades mandó construir una pared de bloques de apenas cinco metros, lo que es totalmente inapropiado para separar propiedades aledañas. Mi cuñado le fue a decir que lo que estaba construyendo no era lo correcto, y el maleducado lo insultó de arriba a abajo y le cerro la puerta en la cara», cuenta la denunciante. Siguiendo con su relato, señaló que «al principio intentamos varias veces hablar con esta persona y nunca se interesó, por lo que todo el barrio estaba padeciendo sus ruidos molestos. Pero después, cuando vimos que era imposible tener cualquier tipo de contacto y diálogo con este sujeto, hicimos un sinfín de denuncias a la Seccional 21ª de la calle Albérico Passadore. Hasta el momento nada hicieron con este delincuente. Incluso muchos patrulleros de la citada seccional son traídos al taller por los propios funcionarios policiales. La verdad es que el accionar de la 21ª me ha defraudado. No hicieron y no hacen nada para cambiar esta dura realidad».
Ruidos y agresiones
La desesperada señora aseguró que en el polémico local trabajan hasta altas horas de la madrugada. «Comienzan a trabajar cuando se les da la gana. Hay días que empiezan a las tres de la mañana. Otras veces permanece cerrado por varios días y después empieza el infierno nuevamente. Cantan, hacen ruidos y escuchan música a todo volumen. Hacen más ruido que en una fábrica. La verdad es que no se puede vivir así. Mi marido fue el primero en morirse, pero lamentablemente si la situación no cambia le va a pasar lo mismo a mucha gente más», aseguró. Siempre según el testimonio de la denunciante, su marido, que se encontraba en plena recuperación, el año pasado fue agredido por un familiar cercano del propietario del taller. «El suegro del dueño del taller un día salió por las calles gritando a los cuatro vientos que dejaran trabajar tranquilo al marido de su hija. En ese momento salí a la calle y le dije que ellos son los que tenían que trabajar en un horario adecuado y en paz, y el muy atrevido me respondió: ‘Usted es una vieja de mierda que lo único que quiere es que cierren el taller. Déjese de joder, señora’. Siguiendo con su relato, dijo que «inmediatamente mi marido, que venía recuperándose de una de las tantas operaciones que le habían hecho en el estómago, escuchó lo que me había dicho este señor, a quien de chico yo cuidaba bajo mis brazos, y le dijo: ‘Si no estuviera mal de salud te cerraría la boca a golpes’. Este se rió y le contestó: ‘Usted no le puede pegar a nadie, viejo idiota’, y lo empujó violentamente contra el cordón de la vereda. A partir de ese incidente con este insolente, empeoró notoriamente su estado de salud y hace pocos días falleció, en parte por este taller de terror que cambió nuestras vidas y la de la humilde gente de la zona», dijo visiblemente conmocionada la damnificada.
Para finalizar, la víctima pidió justicia y el cierre del comercio instalado frente a su domicilio. «Desde que se murió mi marido tengo una escopeta cargada en el living de mi casa. Si no se hace justicia con este delincuente, no me va a quedar otra que hacer justicia por mano propia. Quizá saliendo mi caso en LA REPUBLICA sirva para que alguien se dé cuenta de que esto tiene que parar. Y espero que de un vez por todas cierren este taller y que vaya preso este atorrante», finalizó diciendo. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad