"En Pocitos no viven delincuentes"

El comisario Heriberto Fernández de la Seccional 10ª muestra con orgullo los números que indican que los delitos, desde las rapiñas hasta los robos de vehículos, han bajado sustancialmente si se compara el periódo enero-agosto de 1999 con el de 2000.

Incluso los datos se diferencian en los primeros meses de este año sin el plan de descentralización, con los siguientes. De un promedio de 40 hurtos en fincas por mes en el primer cuatrimestre se pasó a nueve en mayo, tres en junio, ocho en julio y 12 en agosto. Con los arrebatos pasó algo similar: en enero, febrero y marzo hubo 60, 64 y 67 respectivamente, mientras que los meses siguientes hasta agosto descendieron a: 13, 12, 8, 9 y 10.

La comisaría cuenta con 169 funcionarios y 17 vehículos para controlar una población estable de 200 mil habitantes y una flotante estimada en el doble. Tiene decenas de comercios, dos shopping y varias embajadas en la jurisdicción. Fernández explicó que las calles de Pocitos son una complicación para realizar patrullajes, en virtud de sus flechamientos, lo que muchas veces impide «dar una vuelta manzana, porque el patrullero iría contramano».

Es por esto que pensar la seguridad tiene otro aditivo. «Realizamos operativos de saturación sorpresivos de acuerdo a cómo se van moviendo los delincuentes», explicó, a la vez que destacó que las ocho motos con las que cuenta cumplen un factor clave a la hora de realizar persecusiones, o simplemente recorrer la zona.

A la gran actividad comercial que el barrio tiene durante todos los días de la semana durante las horas diurnas, se le suma la intensa movilización nocturna que se da entre los jueves y el domingo. Son más de 30 los locales que brindan posibilidades de diversión a los jóvenes que llegan desde diversos puntos de la ciudad. Según lo explicado por el comisario Fernández, en Pocitos «no viven delincuentes» sino que llegan desde otros barrios, lo cual facilita de alguna manera la labor, que potencializada por el conocimiento de los vecinos, permite advertir la presencia de personas desconocidas con intenciones delictivas, tal como pasó en la calle Pereira de la Luz.

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