Cansados de los desmanes realizados por jóvenes pandilleros, hablaron con LA REPUBLICA y tuvieron un final feliz

"Nuestro barrio volvió a ser el de antes luego de que saliera publicada la nota"

En aquella ocasión el grupo de damnificados señaló que desde hacía varios meses un joven, que rondaba los 23 años, había transformado el edificio, ubicado en Demóstenes y Julio César, en un «vale todo» donde se vendían importantes cantidades de droga. Manifestaron que este joven, que había heredado de su abuela el apartamento, junto a un grupo de «oscuros y peligrosos personajes» venían cometiendo todo tipo de desmanes en el interior del edificio y las proximidades de la zona. Uno de los denunciantes aseguró que vendían todo tipo de estupefacientes a cualquier hora del día. «Los vecinos ya estamos acostumbrados, cuando sentimos que alguien chifla o grita desde la vereda es cuando vienen sus ‘clientes’ a comprarle drogas» dijo tiempo atrás. También señalaron que el joven denunciado, cuando sentía que era llamado, rápidamente descendía junto a su «clan» para realizar la valiosa transacción.

Los denunciantes agregaron que en el garaje del edificio, en varias oportunidades ingresaban lujosos automóviles que eran desarmados sin ningún tipo de escrúpulos frente a sus propios ojos. El grupo de vecinos señaló que en reiteradas ocasiones se tomaban a golpes de puños en la propia puerta del edificio y muchos de ellos resultaban violentamente apuñalados por sus rivales de turno. También indicaron que se escuchaban disparos en la vereda y al asomarse por la ventana veían a varios corriendo por los alrededores. «Si queremos salir a la vereda tenemos que ‘investigar’ la zona para no salir herido por alguno de estos energúmenos», dijo uno de los damnificados.

LA REPUBLICA se comunicó nuevamente con una de las mujeres que vive en el polémico edificio y que, según su testimonio, le toco sufrir en carne propia los maltratos y agresiones del violento sujeto y su banda.

«Como me habían identificado y sabían que yo había sido la que los había denunciado, un día estaba en la parada del ómnibus y se acercaron dos jóvenes con las caras semitapadas y me dijeron en tono amenazante: ‘Si seguís jodiendo, te vamos a tener que matar. Así que cerrá el pico o sos boleta’. En otra oportunidad, estaba yendo hacia mi casa y me vieron pasar y me tiraron un perro de raza pitbull encima y le decían al animal: ‘Matala, matala a esa zorra de mierda’, mientras todos ellos se reían». Siguiendo con su angustioso relato señaló que «hasta altas horas de la noche escuchaban música a todo volumen, también se oían muchas veces gritos, discusiones y hasta las peleas que se producían en ese apartamento».

 

La novena y la actualidad

La denunciante señaló que había realizado varias veces la denuncia, tanto en la Seccional 9ª como en la Primera Zona Policial, y dijo que en ningún lugar recibió respuesta alguna. «Yo fui la única que me animé a denunciarlos ante la Policía, ya que muchos de mis vecinos les tenían terror y temían cualquier tipo de represalias de estos inadaptados», aseguró la señora. En cuanto al accionar de la Seccional 9ª, la damnificada fue categórica y se refirió en duros términos a la misma: «No hicieron y no han hecho nada al respecto». Aseguró que cuando fue a hacer la denuncia a la citada seccional, un agente quiso desvirtuar el tema y le preguntó si había mantenido una relación amorosa con el denunciado. «Yo no podía creer lo que me había dicho, y para colmo luego de terminar de contarle todo, me dijo: ‘¿Qué quiere, mujer, que le ponga un 222 en la puerta del edificio?’. Agregó que ellos sabían todo lo que pasaba, incluso que se comentaba en el barrio que este grupo de malandras los coimeaban cada tanto con una buena suma en dólares, para que todo quedara tapado y que no pasara nada».

Luego de que saliera publicada la nota, el jueves 21 de diciembre de 2006, el joven denunciado y su banda no fueron vistos nunca más por los vecinos del edificio. «En el apartamento ahora vive una muchacha con una beba. Ahora la paz y la tranquilidad volvieron al barrio». La señora señaló que «quizás gracias a la nota de LA REPUBLICA este inadaptado, que le hizo mucho daño al edificio y a la gente de la zona, decidió marcharse del lugar. Tal vez, al hacerse público que tenía instalada una ‘boca’ de venta de droga en su apartamento se fue con su ‘negocio’ muy lejos de aquí», finalizó diciendo visiblemente alegre la damnificada. *

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