Escrito por: LUIS A. CARRO - COLONIA
La historia comenzó cuando la jovencita bajó de una moto que la había trasladado hasta la radial de acceso a la ciudad de Rosario, y acto seguido se instaló a la vera de la ruta nacional Nº 1 y comenzó a “hacer dedo” buscando que la arrimaran hasta la localidad de Ecilda Paullier, en el vecino departamento de San José.
Un automovilista la llevó durante un trecho del camino y un segundo conductor completó el viaje.
Precisamente, a bordo de este segundo vehículo fue que la muchacha hizo detonar el impactante argumento: “Me tuvieron secuestrada”, dijo, ante la mirada atónita del conductor. Por si algún condimento le faltaba al relato, acotó que también que en esas circunstancias le habían robado dinero, documentos y otros objetos personales.
El conductor, consternado por aquella situación que terminaba de escuchar, hizo lo que correspondía: llevó a la chica a la comisaría de Ecilda Paullier para que informara de lo sucedido.
Desde allí, la Policía dispuso el cierre de todos los pasos entre los departamentos de San José y Colonia, en procura de atrapar a quienes habían cometido el delito. Según la fabuladora, no estarían muy lejos, porque su “calvario” había terminado “hace pocas horas”, tal como contó al conductor, sin medir las consecuencias de sus palabras.
Los agentes de la Seccional 2ª de Rosario tomaron cartas en el asunto, ya que el hecho había comenzado con la presencia de la muchacha en la radial de acceso a esa ciudad.
Fueron los uniformados a Ecilda Paullier y solicitaron a la joven que los acompañara hasta Rosario, para empezar a ordenar la investigación.
Todo iba bien hasta ahí, pero de pronto, mientras los policías y la presunta víctima venían en viaje, ocurrió una inesperada vuelta de tuerca que cambió toda la historia. En el transcurso de apenas 15 minutos de conversación, la jovencita interrumpió su relato del secuestro y robo, y echó a llorar desconsoladamente.
“-Te comprendemos; tiene que haber sido muy bravo pasar por lo que pasaste”, la consolaron los agentes. La respuesta que recibieron los dejó atónitos: “No… Yo les mentí! No pasó nada de eso”.
Una vez en la Seccional 2ª se completó la verdad absoluta del asunto: la muchacha había tenido unas horas antes una fuerte discusión con su novio, y no tuvo mejor ocurrencia que “desquitarse” y “llamar la atención” -tales fueron sus expresiones- inventando todo lo que ya comentamos.
La fabuladora fue reintegrada a su familia, en tanto que los Policías rosarinos aún no salen de su asombro: “Mire que tenemos años de trabajo, pero en esta zona nunca nos había tocado enfrentarnos a un caso así”, comentaron, ya con una leve sonrisa a flor de labios, los agentes al cabo de tan absurdo periplo. *
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