Amplían la investigación ante la falta de elementos contundentes que permitan esclarecer el caso

Natalia sigue sin aparecer: declararon 100 personas y los amigos comenzaron a regresar a Montevideo

En la medida en que no logra ser aclarado, el caso va cobrando una magnitud pocas veces vista, al extremo que en cualquier momento no serán menos de 100 las personas que hayan brindado algún testimonio ante la Policía o la Justicia. Pero las consecuencias del hecho, devastadoras por cierto desde el punto de vista humano, antes que nada para la familia de Natalia, ha tenido otras derivaciones que hacen más engorrosas aún las ya de por sí difíciles pesquisas.

A esta altura, ya hay varias denuncias cruzadas que van de la mano con el caso; dos de ellas entre policías de la Dirección de Investigaciones y tres jóvenes trabajadores de Piriápolis: los primeros dicen haberse defendido ante el desacato de los jóvenes conducidos a declarar a la Seccional Policial 11ª de Piriápolis la tarde del lunes 22 de enero; estos últimos, en tanto, dicen haber sido apremiados física y psíquicamente sin ninguna razón. Pero no son las únicas denuncias, ya que, como lo indicamos días atrás, los abogados que patrocinan al dueño de una librería de Piriápolis, quien ha sido desde el primer día de la desaparición de Natalia el principal indagado por haber sido la última persona que habló con ella aquella madrugada. También anunciaron el inicio de una o más demandas contra quienes hayan acusado a su cliente y un amigo de éste, de tener algo que ver con la desaparición de la joven.

En este ambiente, en el que se suman demasiadas opiniones por lo mediático que se ha tornado el caso, no han faltado las aclaraciones que ha tenido que hacer la propia familia de la joven, fundamentalmente para explicar qué ha hecho y qué hace hoy su padre, Hebert Martínez. El subsecretario del Ministerio del Interior también salió la semana pasada a descartar cualquier relación de amistad con la familia y entre sus hijas y la desaparecida.

 

Policías extenuados

Paralelamente, las líneas de búsqueda e investigación cada vez son más, en la medida en que las propias autoridades a cargo del caso siguen rogando por el aporte de algún elemento, de algún testimonio, de alguna foto que pueda ayudar a su esclarecimiento. Además se han sumado a las tareas al menos tres videntes, quienes a diario emiten opiniones sobre sus «percepciones» o «visiones», que rápidamente ganan la calle renovando las expectativas.

Mientras en el ámbito judicial la causa recae en el tercer magistrado en sólo dos semanas, algunos jerarcas policiales y efectivos de menor grado que han trabajado infatigablemente desde el primer día muestran signos inequívocos de agotamiento, fundamentalmente porque cada jornada no termina nunca, ya que se continúa con la siguiente porque cada elemento que llega a sus manos renueva las esperanzas de encontrar, más que una respuesta, a Natalia.

Muchos de los amigos de la joven y su hermana Claudia, quienes literalmente estuvieron varios días acampando a las puertas de la comisaría de Piriápolis, paulatinamente van retornando a Montevideo por compromisos con sus estudios. Al amanecer de cada día la población de la zona formula la misma pregunta: «¿Se sabe algo de la chiquilina»?. Es que Piriápolis no deja de ser un pueblo chico, donde ocurren cosas, pero no de esta magnitud. Nadie comprende cómo puede ser que en tan pocos minutos y en un espacio tan limitado una chica de 19 años desaparezca como por arte de magia; nadie lo puede entender.

La búsqueda ha sido intensa y variada desde la misma tardecita del viernes 19; por aire, por mar, por tierra se ha buscado incansablemente el rastro de Natalia. Salvo algunas pertenencias de ella, encontradas en tres jornadas diferentes en la Ruta 73, un camino vecinal ubicado al noreste de Piriápolis, a unos 8 a 10 kilómetros del restopub La Rinconada, nada más se ha podido encontrar.

En este complejo mapa, todos omiten decir algo que es demasiado duro, pero que cae por su propio peso, amén incluso del rótulo estrictamente técnico que carátula el hecho como un caso de «persona ausente». Es que la infortunada joven es a esta altura buscada viva o muerta.

 

Todo sirve

Autoridades tanto policiales como judiciales que actúan en el caso han salido reiteradamente a través de los medios de comunicación a pedir casi por favor que quien tenga cualquier dato, una toma fotográfica o una breve filmación, o «algo» que pueda ayudar a encontrar pistas no dude en hacerlo conocer por la vía que considere más segura.

A esta altura y en base a distintos datos que han llegado a manos de los investigadores, se han revisado campos y bosques; lagunas, pozos y cañadas; casas deshabitadas y grandes arenales; túneles y cerros; dentro del departamento de Maldonado y fuera de él; filmaciones de cámaras de seguridad y de productoras de televisión. En ninguna parte se ha podido encontrar la verdadera punta de la madeja.

En tanto, ya nadie duda de que Natalia Martínez ascendió a un vehículo por su propia voluntad, es decir porque conocía a quien o quienes estaban en ese vehículo. El enigma es qué fue lo que pasó después; cuál fue el destino de todos los protagonistas, fundamentalmente el de Natalia. Más enigmático aun, cuando nadie, absolutamente nadie a esta altura, ha podido aportar algo concreto respecto a lo que ocurrió en ese breve espacio territorial y de tiempo, entre que ella se despidió del portero de La Rinconada, bajó la escalera, llegó a la vereda y habló brevemente con el dueño de la librería, para unirse a sus tres amigas, que sólo unos metros adelante la esperaban para irse. *

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