La Justicia uruguaya y la brasileña discuten sobre quién debe condenar a "O Matador"

Cayó en San Pablo el asesino de los policías brasileños cómplices del contrabando organizado en Uruguay

A pesar de ser un hombre relativamente joven, Guimaraens ­que fue dado de baja de la Policía­ se destaca por su frialdad a la hora de cumplir con el mandato de sus patrones de turno.

Se lo acusa, por ejemplo, de participar en los Escuadrones de Exterminio que funcionaron en Brasil en la década de 1990, cuando decenas de los llamados «meninos de rúa» (niños de la calle), así como también mendigos, fueron fríamente ejecutados por hombres encapuchados y fuertemente armados.

En varias ocasiones fue arrestado y procesado, pero siempre recuperó su libertad, llegando incluso a cometer un homicidio en el Hospital de Riberao Preto, donde se encontraba internado un individuo conocido como » O pezao», el que tenía cuentas pendientes con la mafia.

Como forma de demostrar la importancia que le daban los capos del crimen en Brasil, en 2004, cuando se encontraba cumpliendo pena en una penitenciaría de San Pablo, logró fugarse saliendo por la puerta principal del establecimiento sin que nadie lo advirtiera. Eso fue prueba cabal de la corrupción que existe en las cárceles de Brasil, donde los mafiosos, a pesar de estar presos, mantienen el control de los diferentes grupos. En los últimos años se integró a la organización dedicada al contrabando de whisky, electrodomésticos y artículos médicos que comandaban José Antonio Martins, Clelio de Gáspari y Cándido Vargas Bedín, como encargado de coordinar la seguridad de la misma.

En las escuchas telefónicas realizadas por investigadores brasileños quedó en evidencia el grado de frialdad de Guimaraens para ejecutar a sus víctimas. Tal cual informó oportunamente LA REPUBLICA, en una de las llamadas le manifestó a Martins al respecto de un robo de mercadería: «Ya sé quién fue el que nos robó. Le secuestramos un hijo al hombre; si me devuelve el cargamento completo le devuelvo al hijo completo y si nos falta una parte, le arranco un brazo o una pierna al ‘menino'».

«O Matador», como también se lo conoce en Brasil, se encontraba radicado en Montevideo junto a su pareja. Vivían en un apartamento propiedad del periodista Emiliano Cotelo. Guimaraens tenía un sueldo aproximado a los 5 mil dólares mensuales, que le era abonado por Vargas Bedín y Martins, con el que se encontraba permanentemente en un conocido hotel cinco estrellas de la zona de Punta Carretas.

 

Su paso por Rivera

La organización mencionada se había encontrado con el inconveniente de que la Policía brasileña, tanto la civil como la militar, planteaban demasiadas exigencias para permitir la circulación de los camiones que ingresaban al vecino país procedentes de Uruguay.

Es por ello que su presencia en Rivera era cosa habitual, de acuerdo a lo manifestado por el empresario Joaquín Curi. Guimaraens se alojaba en hoteles de la capital departamental y desde allí mantenía constantes reuniones con jerarcas de la Policía brasileña.

En una de esas reuniones se habría decidido la suerte que correrían los policías Ronaldo de Almeida y Leonel Ilha Da Silva, quienes se habían transformado en un verdadero problema cuando comenzaron a «mejicanear» mercadería.

El resto es historia conocida: los dos policías fueron asesinados y sus cuerpos enterrados en un campo situado en las cercanías de la ruta al aeropuerto. Como resultado de una extraña investigación realizada por la Policía Civil brasileña, con investigadores que llegaron desde Porto Alegre con el caso prácticamente resuelto, determinó el juez en lo Penal de 2º Turno el procesamiento de los hermanos Rafael y Fabián Bengoechea, Walter Pintos y el empresario Joaquín Curi.

Con el paso del tiempo las dudas sobre su participación en el caso se hicieron cada vez más fuertes, habida cuenta de la cantidad de desprolijidades cometidas, impropias de un profesional del crimen, y todas apuntando a Curi, al cual, se sabía, la organización quería dejar afuera del negocio.

 

Futuro incierto

La Superintendencia de la Policía Federal de San Pablo, a través del promotor público Luis Enrique Passini, quien investiga los crímenes de exterminio en Riberao Preto, informó que era una detención muy importante, ya que entienden, y con razón, que Guimaraens en ningún momento actuó solo y que detrás de él hay muchas personas involucradas.

El hecho de que el múltiple asesino tenga innumerables requisitorias en territorio brasileño hace presumir que será procesado en el vecino país, cumpliendo una muy larga condena. Eso perjudica el accionar de la Justicia uruguaya, que seguramente en las próximas horas solicitará su extradición por los crímenes cometidos contra los dos policías civiles en Rivera, pudiendo, de acuerdo a sus declaraciones, desbaratar la organización que de acuerdo a lo mencionado en los expedientes opera en nuestro país y en la cual estarían involucradas personalidades uruguayas y brasileñas. En los últimos meses, siempre de acuerdo a las escuchas telefónicas, Guimaraens le había menifestado a Vargas Bedín que estaba cansado de la vida que llevaba y que «algún día voy a tener que pagar por todo lo que hice», a lo que el capo mafioso le respondió: «No te preocupes, aquellos tuvieron lo que merecían». De todas formas, a partir de su detención en el barrio Itaquera de San Pablo, podría llegar a derrumbarse la fabulosa organización dedicada al contrabando. *

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