Avaricia mortal: asesinó a su hermano para recuperar la herencia de sus padres
Orlando Homero Vázquez Corbo, de 61 años, residía en un lejano campo junto a su hermano JVC, de 67 años. El primero moraba en una humilde casa de material y su hermano en un rancho más precario aún. Al fallecer los padres de ambos y una hermana, el ahora muerto logró habilidosamente que todos los documentos de las propiedades de sus progenitores quedaran a su nombre: un campito en la zona de Las Cañas y una casa en San Carlos. Desde allí, JVC fue sumando un gran odio hacia su hermano y con gran frialdad comenzó a elaborar una estrategia para quitarle la vida. El relacionamiento de ambos entre ese momento y el pasado fin de año se deterioró cada vez más.
Para los últimos días de 2006, JVC ya había armado la o las coartadas que él consideraba serían perfectas para deshacerse de su hermano y quedarse con sus bienes.
Preparó una escopeta calibre 22, viajó a San Carlos a un cumpleaños, dio otras vueltas, fue a su casa y la noche del sábado 30 se agazapó en la oscuridad del campo a esperar que su hermano saliera de la casa.
A la hora 23 Orlando Homero salió en la oscuridad a lavar unas cosas, luego de haber cenado, y a orinar. Fue el momento en el que con una frialdad absoluta JVC accionó el gatillo de su escopeta y una perdigonada a boca jarro dio en el pecho de su hermano, que cayó a sus pies. El matador inmediatamente se escondió y esperó hasta confirmar que su hermano estaba muerto, pero además, que nadie en la soledad de la campaña estuviera cerca.
Confirmó que estaba muerto y tras revolver parte de la casa le quitó un grueso cinturón que luego escondió en el campo al igual que la escopeta que había utilizado. Ni siquiera revisó los bolsillos del cinto de gaucho, donde su hermano guardaba nada menos que 11.860 dólares y 4 mil pesos, producto de una venta de ganado realizada días atrás.
Anduvo a campo, volvió a viajar, incluso a Treinta y Tres, y retornó a pie cruzando varios kilómetros de campo cuando la Policía de Maldonado ya lo buscaba al menos para interrogarlo. Sus coartadas no dieron resultado a pesar de que insinuó que su hermano era visitado asiduamente por algunos amigos que no supo identificar. El lunes terminó admitiendo la autoría del crimen de su propio hermano y con lujo de detalles narró cada paso dado a partir del momento en que el ahora muerto lo dejó en la calle, al igual que a su hermana. El miércoles a la tarde la jueza Lina Fernández se expidió según el pedido del fiscal doctor Gustavo Zubía, procesando con prisión a JVC por un delito de homicidio especialmente agravado. *
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