Por apremios físicos la Justicia envió a prisión a dos policías de Paysandú
Como se informó oportunamente, varias personas que habían sido detenidas en averiguaciones en la seccional primera denunciaron apremios de todo tipo al Comisionado Parlamentario y a la Junta Departamental, por lo cual el Ministerio del Interior abrió una investigación administrativa.
Días pasados, policías de la citada repartición concurrieron al domicilio de una persona a la que le habían robado joyas y dinero en efectivo que avaluó en 7.500 pesos y 200 dólares. Las investigaciones desarrolladas llevaron a la detención de un hombre de 24 años de edad y de Germán Gazzano Henning, de 22 años, quienes habían sido vistos merodeando por la zona. Ambos fueron puestos a disposición de María Elena Mainard, jueza Penal de 4º Turno, que decretó el procesamiento sin prisión de Gazzano por el delito de hurto especialmente agravado.
Ahora bien, ambos detenidos, a su vez, denunciaron a la jueza que habían sido agredidos con violencia inusitada por dos de los funcionarios policiales, en virtud de lo cual se dispuso que los dos fueran revisados por el médico forense, quien constató múltiples lesiones.
Acto seguido, la jueza citó a su despacho a los policías, de 28 y 29 años, quienes negaron los castigos. No obstante, con las pruebas obtenidas y algunas contradicciones de los indagados, resolvió remitirlos a la cárcel como autores de dos delitos de lesiones personales especialmente agravados. Concomitantemente se dispuso, por parte del Comando de la Jefatura, un sumario administrativo para ambos policías y el traslado del subcomisario a la Seccional 12 de Guichon y un oficial encargado de la guardia a la Seccional 2 de Paysandú.
Desquiciados con uniformes
La policía sanducera, pues, volvió a ser noticia como en los peores años de la dictadura militar. El padre de Germán Gazzano relata emocionado todo el sufrimiento, el calvario de más de treinta horas de incertidumbre que debieron de soportar él y toda su familia. «Mi hijo fue tratado como un vulgar narcotraficante, un terrorista, un violador, o un delincuente, con profusos antecedentes policiales. Salvando las diferencias y sin querer justificar a quienes actúan al margen de la ley, de ninguna manera mi familia puede aceptar la violación de los derechos humanos», señaló.
La madre del otro joven liberado tuvo que ser asistida al sufrir un colapso nervioso, al comprobar las heridas sufridas por su hijo en los dos brazos producto de «la colgada» con las esposas, hematomas en los dos ojos, en el abdomen y en el tórax.
Ambos jóvenes fueron trasladados a la citada comisaría. De allí, fueron llevados al hospital y luego nuevamente a la seccional, encerrados en los calabozos hasta el amanecer, cuando comenzó la «operación confesión».
«Cuando me ingresaron a la habitación escuché los gritos desgarradores de mi amigo: por favor déjeme, no me peguen más«, cuenta el joven. La paliza para que admitiera el hurto dejó como saldo en el muchacho tres costillas fracturadas, hematomas varios y problemas auditivos. Gazzano sigue con su relato: «Ahora te toca a vos, hijo de puta, confesá’.
Recibí una andanada de golpes de puños en el rostro, en el tórax, me tomaron del pelo entre dos policías y me reventaron contra la pared. Después de más de media hora de castigos, el joven se desplomó. «Dale, dale que tenemos que seguir aplicándote la terapia, no te hagas el boludo de desmayarte», vociferaban los desquiciados funcionarios policiales.
Hasta el cierre de la presente edición, la Jefatura de Policía de Paysandú no ha emitido un solo comunicado sobre estos episodios de violencia institucional, sobre los cuales LA REPUBLICA seguirá informando. *
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