
El individuo buscado por el FBI y el Mossad por graves delitos se había escapado del Penal de Libertad, junto al delincuente Julio Walter Guillén Bustamante, alias “Cotorra Loca”, luego de desparramar miles de dólares entre los integrantes de la guardia de la prisión.
En la madrugada del 4 de octubre del año pasado, el traficante y su secuaz fueron liberados por “especialistas en rescates” que se hicieron pasar por agentes de Información e Inteligencia. Un mes antes, el jefe de Policía de Montevideo, inspector Ricardo Bernal, que se había enterado que “en la vuelta andaban 250 mil dólares” para sacar de la Cárcel Central al israelita, resolvió enviarlo al centro supuestamente de mayor seguridad. En su momento se aseguró que el traficante de armas, explosivos y éxtasis, estaba bien custodiado pues se había dispuesto una férrea vigilancia sobre él, hasta que se definiera su extradición a Estados Unidos o Israel, las dos naciones que ya habían enviado los exhortos correspondientes para ponerlos frente a sus respectivos tribunales. Parecía un hecho que el israelita iba a intentar escaparse nuevamente (antes lo había intentado vestido de mujer) aunque de ninguna manera se pensó que pudiera ser a las dos y media de la madrugada.
A esa hora, tres hombres mayores enfundados en gabardinas inglesas arribaron en un moderno automóvil a la entrada del Penal, en el departamento de San José. Los tres bajaron al mismo tiempo y con paso seguro se dirigieron hacia la sala de guardia, en la puerta principal. Los soldados de la vigilancia perimetral externa observaron los movimientos, pero no sospecharon nada extraño. Tampoco lo hicieron los policías de guardia, ya que horas antes habían recibido una llamada telefónica presuntamente del subjefe de la prisión que avisaba del operativo de traslado de los dos reclusos. En consecuencia recibieron con mucho respeto a sus “superiores de la Dirección de Información e Inteligencia”, quienes exhibieron una serie de documentos que los habilitaba para llevarse del lugar a dos reclusos: al israelita Elal Yehoram y al temible delincuente apodado “Cotorra Loca”. El oficial del Penal que revisó los papeles “comprobó” que todo estaba en orden y ordenó a sus subalternos que fueran a buscar a los dos presos a sus respectivas celdas.
En contados minutos ambos reclusos ya estaban apoltronados en el asiento trasero del vehículo. Los “agentes de Inteligencia” agradecieron la colaboración, saludaron a los guardiacárceles y emprendieron la retirada a marcha moderada, después de todo se trataba de un operativo de “rutina”, por tanto no había necesidad alguna de hacer chirriar las gomas.
Horas después, el Penal de Libertad y la Dirección Nacional de Cárceles se convirtieron en un hervidero de investigadores de las más variadas reparticiones del Ministerio del Interior. Asumidos el asombro, la audacia de los rescatistas y el garrafal error, se radió a los puestos fronterizos, a través de la Interpol, el pedido de captura recomendada de los cinco individuos que participaron en el operativo, quienes a esa altura ya habían cambiado de auto.
La investigación realizada determinó de inmediato que el propio oficial a cargo de la custodia había montado la parodia y entregado a los presos a cambio de 50 mil dólares.
El oficial, dos policías más y otros siete sujetos vinculados al “Cotorra Loca”, fueron enviados a prisión por su participación en la operación. Meses después, dos de ellos murieron por causas naturales estando recluidos.
Los investigadores del Departamento de Delitos Complejos lograron en la oportunidad recuperar más de 100 mil dólares, pero el resto del dinero, al parecer, se lo llevó el israelita. Desde ese momento el Buró de Interpol de Montevideo le siguió la pista a Yehoram Elal. Aunque su itinerario siempre fue errático, durante meses el trabajo de inteligencia de los funcionarios de Interpol fue determinando los posibles lugares donde podría estar refugiado.
El sensacional seguimiento culminó en la víspera, cuando desde Montevideo se dio aviso a la Policía brasileña del lugar exacto donde se encontraba el requerido. Antes del mediodía la noticia llegó a la sede de la calle Colonia: tenemos preso a Yehoram.
El israelita fue capturado en un confortable apartamento en plena Copacabana, en la ciudad de Rio de Janeiro, donde llevaba una vida rumbosa.
De inmediato se iniciaron los trámites de rigor para proceder a su extradición, en virtud de que el individuo debe terminar de purgar una condena en nuestro país por maniobras en un casino de Punta del Este y falsificación de documentos. *
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