Indignada, la madre de Daniela no encuentra explicación

"La Policía de Colonia no está trabajando para atrapar a los violadores de mi hija"

Daniela concurrió el 5 de marzo a un local bailable ubicado en pleno centro de Colonia del Sacramento. Asegura a todo aquel que quiera escuchar que le suministraron «algo» en un vaso de bebida, a partir de lo cual comenzó a sentirse mareada. En esas condiciones fue llevada por tres o cuatro muchachos jóvenes a bordo de una moderna camioneta, con la que se dirigieron hacia una vivienda en la zona suburbana del Real de San Carlos. Allí, la chica fue repetidamente ultrajada. La abandonaron a la vera de una calle del lugar donde alguien, que circunstancialmente pasó por allí, le prestó auxilio. A partir de este aberrante hecho, en Colonia arreciaron los comentarios que ­con nombres y apellidos­ culpaban a los supuestos violadores. «Ya van a ver, como son muchachos de familias de buena posición económica, no va a pasar nada», sostenía, categórico, el clamor popular. El mismo clamor se tradujo poco después en una marcha pidiendo justicia, que juntó a 2.000 vecinos indignados. Anabel Corujo, golpeada en su más honda fibra de madre, inició gestiones a todo nivel en procura de que la investigación del caso nunca se detuviera. Llegó a ser recibida por el ministro del Interior, José Díaz, y en esa instancia creyó que podría registrarse algún avance, pero el paso del tiempo dejó en claro que no fue así. «Yo confiaba, tenía esperanzas de que estos desgraciados estuvieran detrás de las rejas, pero no es así», asegura nueve meses después a LA REPUBLICA. «No bajé ni bajaré los brazos. Sólo concedí un largo tiempo para llegar a la verdad. Sepan también que no tuve ni tendré precio. Mi único precio es la ley». Y, con su dolor a flor de piel, como el primer día, interroga: «¿En serio algún día la Policía volverá a trabajar? Lo más seguro es que quien sabe…»

 

«Más no se pudo avanzar»

A nivel policial, la información recogida por LA REPUBLICA indica que «siempre se ha seguido una línea de investigación, el problema es que al final de ese camino hay supuestos que no concuerdan y entonces no podemos señalar a quien no sea realmente responsable». Tal como LA REPUBLICA lo adelantó en su momento, se practicaron decenas de estudios de ADN en procura de la identificación de los violadores. «Por esa vía no se pudo llegar a nada», reconocieron las fuentes consultadas. «Otra vez triunfó la impunidad en Colonia, señor», dice Anabel Corujo. «Un día fue el crimen de Andrés (Trigo) y nunca más se supo nada; ahora es esta tragedia de mi hija, y otra vez todo queda en silencio. Por el bien de todos los colonienses es que yo sigo pidiendo que se haga justicia, porque así no podemos seguir viviendo», sentenció Corujo. *

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