"El arrepentido" leyó LA REPUBLICA y derrumbó caso de ejecución de policías
Lo que aparecía como el «negocio perfecto» para Joaquín Curi Lara terminó transformándose en una verdadera pesadilla, a la que se sumaron los hermanos Rafael y Fabián Bengoechea y el que era considerado como el hombre de confianza del empresario, Walter Ethelber Pintos, a pesar de que luego se supo que éste lo traicionaba. Las millonarias cargas de whisky que salían desde Rivera eran enviadas por Curi hacia la localidad de Pantano Grande, donde eran recibidas por uno de los financistas de la organización, Cándido Vargas Bedín, quien era subordinado de José Antonio Martins y Clelio Gáspari. El operativo necesitaba de custodias y, entre tantos policías brasileños corruptos al servicio de los contrabandistas, se encontraban Ronaldo de Almeida y Leonel Ilha Da Silva, que se encargaban de controlar las cargas a lo largo de los cientos de kilómetros que lo separaban de su destino, y cuando eran interceptados por funcionarios de equipos móviles los sobornaban con importantes sumas de dinero que proveía la organización mafiosa.
En una oportunidad fueron descubiertos por sus colegas de la Policía Civil, a los que quisieron «arreglar» con una suma cercana a los 2.500 dólares, motivo por el cual fueron detenidos y separados de sus cargos. A partir de entonces, lejos de retirarse del esquema al no ser tenidos en cuenta por Curi y encontrando en él el lado más débil de la organización, ambos policías se dedicaron a robar parte de sus cargas para luego extorsionarlo. Esta situación llegó a oídos de los principales capos de la organización, quienes decidieron poner fin a tan incómoda situación y, aparentemente, enviaron a su «mano derecha», Ricardo Guimaraens, conocido en el submundo del hampa como «El Matador», un asesino a sueldo, responsable de por lo menos una docena de homicidios en Brasil. Con una llamada telefónica realizada por Walter Pintos «de parte de Curi», que en realidad se encontraba de viaje en Orlando con su familia, se habría citado a los dos policías en el galpón de la calle Uruguay, donde fueron asesinados, casi en idéntica forma, aparentemente cuando se encontraban contando el dinero que recibirían por «quedarse quietos». Luego aparecerían sus vehículos, una camioneta y una moto, en lugares distantes varios kilómetros uno del otro, y el doble crimen pasaría a integrar la larga nómina de homicidios sin resolver.
Una investigación bajo sospecha
El operativo que finalizó con el procesamiento de Rafael Bengoechea y Fabián Bengoechea por un delito de encubrimiento, y de Walter Pintos y Joaquín Curi por coautoría de homicidio especialmente agravado, fue «tan perfecto» que despertó dudas de propios y extraños. La denuncia presentada por el delegado de la Policía Federal, José Dinarte, ante el Juzgado Penal de 2do. turno a cargo del doctor Mijhail Rottas, quien la fundamentó con un expediente de la Policía Civil, desconociéndose el porqué estaba en su poder, redactado en portugués y sin la traducción correspondiente, dejaba prácticamente resuelto el caso. Los culpables que surgían de las declaraciones eran los que serían luego procesados y los investigadores brasileños sorpresivamente no solamente sabían el lugar donde habían sido asesinados los dos policías, sino también donde habían sido ,enterrados. Lo extraño de todo esto era que ninguna de las personas que figuraban como testigos daba indicios de los lugares detallados, y lo increíble era que la mayoría de ellos fue detenida y procesada por la Policía de Pelotas el 20 de enero de este año, en el marco del «Operativo Plata», todo lo que fue informado por LA REPUBLICA. En el grupo de procesados se encontraban José Antonio Martins, considerado como uno de los «capos» del contrabando, y su abogada, la doctora Estela Follberg, quienes mantenían un estrecho contacto con Guimaraens, lo que fue corroborado por una serie de escuchas telefónicas, hoy en poder de la Justicia uruguaya.
Por todo lo antes narrado no aparecía como muy clara la investigación que determinó la detención y el posterior procesamiento de los cuatro riverenses. En las 48 horas que transcurrieron desde la detención de los hermanos Bengoechea, Pintos y Curi, ocurrieron varios hechos que en estos momentos son considerados como la punta de la madeja que permitiría «desenredar» el caso. Esto se comenzó a gestar con la comparecencia de los cuatro involucrados, además de dos testigos, entre martes y miércoles ante el juez Mijhail Rottas.
La primera audiencia
El martes fueron recibidos por el magistrado los hermanos Bengoechea y el representante de la Distribuidora Diageo SA, Nelson Rodríguez, quien compareció en calidad de testigo. La presencia de los dos hermanos no agregó nada nuevo a la defensa de Curi, a cargo del doctor Víctor Della Valle y, a pesar de que se presume que «saben más de lo que dicen», se ajustaron a responder preguntas sin comprometer aun más su situación. Rodríguez hizo aportes significativos, ya que en su alegato manifestó que el viaje a Orlando de Curi y su familia, que había sido considerado como una coartada del empresario, en realidad había sido un obsequio suyo, desde hacía más de un año, y que si no se había concretado antes fue simplemente porque Curi no quería viajar con una de sus hijas muy pequeña a la fecha.
Además, el responsable de la distribuidora declaró que él también se sumó al grupo de viajeros, ya que necesitaba realizar trámites para su empresa, lo que echaría por tierra la versión de que el empresario habría decidido ausentarse para no estar presente a la hora del los crímenes que se habrían realizado en su propia casa.
La segunda es la que vale
La presencia del empresario Curi, además de Walter Pintos, quien había solicitado ser recibido por el juez Rottas para cambiar su declaración y la de su esposa, hacía presumir que el miércoles sería el «gran día» para el caso y, por los datos recabados por LA REPUBLICA, parece que así fue. El que fuera secretario particular de Joaquín Curi, con quien se encontraba enemistado en los últimos tiempos, comprobándose que hasta lo robaba, declaró ante el magistrado lo siguiente: «Cuando estaba dentro de la jefatura fui presionado por policías brasileños, que se paseaban armados amenazándome, además de policías uruguayos. Cuando iba para el juzgado se acercaron y me dijeron cambiá la declaración, te conviene, tu patrón tiene plata y zafa, vos no. Si colaborás hacemos que te procesen por contrabando, te llevamos lejos de acá y salís enseguida, por eso es que cambié mi declaración (desistió de su abogado solicitando uno de oficio). Cuando llegué a Tacuarembó pensé que salía enseguida, hasta que alguien me leyó una nota publicada en LA REPUBLICA, donde decía de mi procesamiento y cuánto tiempo me iba a tocar. Me desesperé y me quise matar, estuve mucho tiempo sin que nadie apareciera, me dejaron tirado allá». La esposa de Walter, quien fuera testigo de las reuniones que aquél mantenía en su casa con personas que concurrían en poderosos autos, declaró que «en los últimos tiempos estaba muy nervioso, había comenzado a tomar y hasta se había vuelto violento».
La defensa de Curi es optimista
Al finalizar la audiencia, el doctor Víctor DellaValle manifestó a LA REPUBLICA: «Luego de todo esto nos queda presentar un escrito solicitando la libertad y sobreseimiento de nuestro defendido», lo que de acuerdo con lo que se informó ocurrirá entre lunes y martes. Pero además no se descarta solicitar se realice una investigación para tratar de identificar a los policías brasileños que, de acuerdo con lo manifestado por Pintos, se movían armados de un lado a otro dentro de la Dirección de Investigaciones, estando identificados por lo menos dos delegados, uno de ellos Dinarte, sobre quien pesa en Rivera una denuncia penal, y especialmente los uruguayos, para determinar si pertenecían a la Policía riverense o eran los procedentes de Mont
evideo. Los datos recabados por LA REPUBLICA y detallados en diversas publicaciones confirmaron todo lo actuado y hasta permiten aventurar que el caso dará un vuelco fundamental con la detención de más personas involucradas.
En los corrillos judiciales se escuchó decir «parece que al final no hubo ningún sicario», confirmando lo publicado meses atrás: Ricardo Guimaraens habría sido «plantado» en el caso. Como para la Justicia brasileña el caso está cerrado, resulta difícil que aparezcan en escena diferentes actores, jerarquías policiales, políticos y hasta autoridades de la Receita Federal, sumados a los verdaderos cabecillas de la organización, incluido el propio «Matador», que continúa gozando de impunidad, basada en el gran esquema de corrupción que envuelve el caso. Por lo que se desprende, hasta ahora «el hilo se cortó por el lado más fino», según reflexionó el abogado de Curi. *
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