Preocupa a la Policía los constantes robos y destrozos contra escuelas y liceos del Interior
La zona donde se registra el mayor número de denuncias es sin lugar a dudas la Ciudad de la Costa. Allí, los liceos y escuelas del Pinar, Solymar, Shangrilá y Salinas son visitados casi semanalmente por ladrones que ocultándose en la oscuridad de la noche saltan el muro y rompen alguna ventana con el fin de ingresar al recinto educativo a buscar dinero o electrodomésticos. Como los responsables del local saben que por las noches son un punto fijo, no dejan nada de valor y cada tarde cuando las clases terminan, se llevan para sus hogares todo aquello que pueda resultar una tentación para los ladrones.
De todas formas, los insistentes delincuentes, vuelven a entrar y a revolver los salones y salas de profesores en busca de algo que puedan vender para seguir consumiendo pasta base. La furia de los ladrones es descargada contra las ventanas que son destrozadas a palos y a puntapiés, para luego seguir con los bancos que son incendiados y contra los pizarrones que son generalmente partidos al medio con cortes de sevillanas o cuchillos.
La policía no da abasto y aseguran que es muy difícil controlar cada una de las escuelas y liceos que están diseminados por la costa. La tranquilidad que reina en la zona balnearia de Canelones es un lugar casi idílico para los malvivientes que actúan con paciencia y sin apuros.
Aunque los patrullajes son constantes, los ladrones tienen tiempo para esconderse tras los muros de los centros educativos mientras el patrullero pasa lentamente en vigilancia. Generalmente, las escuelas y liceos tienen patios grandes lo que complica aun más la labor de los policías que no pueden estar entrando escuela por escuela y liceo por liceo para constatar que no haya entrado nadie.
El viernes pasado, un hombre de 18 años fue detenido por los efectivos de la seccional 27ª. cuando escapaba luego de haber ocasionado daños y desordenes en la escuela 268. El mismo detenido fue quien señaló el lugar donde se escondían sus «cómplices», tres niños de 13, 14 y 15 años. Con los cuatro detenidos a disposición de la Justicia se resolvió el procesamiento sin prisión del mayor y la entrega de los menores a sus responsables. Los casos son casi todos similares. Un mayor que ejerce un poder de autoridad sobre menores que son en sí los encargados de entrar a los centros educativos, ya que son chicos de cuerpo y pueden escabullirse por las ventanas por más chicas que estas sean.
También en las últimas horas, pero en la ciudad de Mercedes, se pudo comprobar que dos niños resultaron ser los autores del robo y destrozos en la Escuela de Palmitas. La pequeña localidad de Soriano, ubicada sobre ruta 2 se vio sorprendida al constatarse que una de las ventanas de la Escuela había sido forzada, notándose algunos destrozos dentro de los salones. Después se supo que aprovechando la tranquilidad del fin de semana, los ladrones se habían llevado útiles escolares y 200 pesos, pero que también rompieron una mampara. La indagatoria policial derivó en dos niños, de apenas 11 y 13 años quienes terminaron confesando la autoría del hecho, ocupándoseles una bolsa con los cuadernos, lapiceras, hojas, lápices, gomas y otros efectos, que robaron de la escuela. El corresponsal Aldo Di Filippo, informó que, al igual que en el caso anterior, la Justicia dispuso la entrega de los menores a sus mayores y que los efectos fueran devueltos a las autoridades del centro de enseñanza.
Los responsables de las distintas Jefaturas de Policía del Interior, no descartan la posibilidad de reunirse con las autoridades de la enseñanza para trabajar en conjunto en pos de controlar los daños irreversibles que los vándalos le están haciendo a la educación. Varios liceos y pocas escuelas ya adoptaron la medida de contratar serenos o servicios 222 para la noche. Los guardias quedan en el interior del centro educativo hechando por tierra toda posibilidad de robo o vandalismo. Lo lamentable del caso es que en algunos centros donde ya se implementaron estas medidas, se registraron ruptura de vidrios y puertas, protagonizadas por jóvenes que desde la calle arrojan piedras de gran tamaño como forma de protestar por la vigilancia que les impide continuar con sus fechorías. *
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