Otro compatriota, sin saberlo, fue reclutado por mafia cibernética en España

Por mandato de "las fuerzas ocultas" un uruguayo profanó sepulcros en Portugal

Allí se bajó, caminó hacia otro vehículo y también se lo llevó. En esta oportunidad lo dejó aparcado en el estacionamiento de un shopping comercial.

Dos días después fue a un astillero y robó varias herramientas que luego comercializó en las afueras de la ciudad.

La semana pasada el hombre fue al cementerio y con un barrote de hierro comenzó a romper las tumbas para extraer bronce. La tarea se le dificultó por la escasez de metal, ya que la mayoría de los ornamentos eran de mármol y granito. Esto enfureció al compatriota que comenzó a romper todo lo que estaba a su alcance.

Los guardias del cementerio le dieron la voz de alto, pero el sujeto logró escapar y robar un jeep que estaba estacionado en la puerta misma de la necrópolis.

La policía lo persiguió varias cuadras hasta que lograron detenerlo gracias a un embotellamiento que se había producido por un accidente de tránsito.

El uruguayo, de 31 años, fue conducido ante el magistrado actuante ante el cual, con voz calma y muy serio, confesó que todo lo había hecho «por mandato de fuerzas ocultas». El juez de la causa, que mucho no le creyó, decidió internarlo bajo fuertes medidas de seguridad en un hospital siquiátrico.

 

Cayó como en «Troya»

Muy distinto fue el caso de otro uruguayo, ingeniero en sistemas, que viajó a España en el año 2002 con la esperanza de conseguir trabajo en alguna empresa de computación. El hombre terminó envuelto en una poderosa red de estafadores que operaba a través de Internet.

El hombre, nacido en Montevideo, viajó a Madrid sin imaginar que en poco menos de un año estaría siendo buscado por la Policía como sospechoso de ser uno de los cabecillas de una organización que estafaba a incautos cibernautas de todas partes del mundo. A fines de 2003, el compatriota fue contactado por una supuesta empresa que trabajaba con páginas pornográficas en servidores rusos y ucranianos. Su trabajo era organizar el sistema de cobranzas a través de tarjetas de crédito. Si bien en un principio no sabía que estaba realizando un trabajo para mafiosos, con el correr de los meses se fue relacionando con los cabecillas que terminaron por incluirlo dentro de la banda. En conjunto con otros tres expertos en computación y asesorados por un «hacker», la gavilla decidió utilizar un troyano (programa que se esconde en la computadora y traspasa información sin que nadie lo note) conocido como «trojan.anserin».

El programita era descargado de forma automática por los navegantes cada vez que entraban a una de las cientos de página pornográficas de las que el grupo había «colgado» en la red. Con el troyano oculto en el disco duro, las víctimas no sabían que cada vez que realizaban un trámite bancario, una compra por Internet, los estafadores absorbían los números de cuenta y claves con las cuales luego hacían transacciones bancarias a cuentas abiertas por «muleros», denominación que se les da a aquellas personas que prestan su nombre para abrir cuentas fantasma a cambio del 10 por ciento del valor total de la transacción.

Con el dinero en su poder, los propietarios de las cuentas fantasma transferían los valores a cuentas reales en Ucrania, donde la organización tenía su base fija. Las cuentas fantasma eran cerradas y los rastros de transacciones desaparecían.

El operativo policial llevó el nombre clave «SCAM X-25″ y culminó con la detención de 23 personas todas ellas en territorio español. De los detenidos, 16 eran españoles, dos eran de origen italiano, otro panameño, uno de Letonia y los tres cabecillas: un ruso, un ucraniano y el uruguayo.

El dinero recaudado por la banda asciende a dos millones de euros, pero la policía sólo pudo recuperar 500 mil que estaban en cuentas rusas. *

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