El padre del joven agredido recuperó una parte del bastón y lo trajo a LA REPUBLICA

Policía partió en dos su vara al golpear a un joven que discutía con su esposa

Una vez dentro del domicilio, la joven pareja comenzó una discusión por problemas económicos, la cual derivó en gritos e insultos. Como cualquier problema familiar, Marcelo decidió seguir la discusión en privado e invitó a su mujer a sentarse en el cordón de la vereda para solucionar el conflicto. Desde la ventana, la madre del joven seguía angustiada la pelea matrimonial. La discusión fue subiendo de tono hasta que Marcelo se puso de pie en forma amenazante. Si bien en ningún momento el joven pensó en agredir a su mujer, la madre temió que la pelea de la pareja terminara en violencia por lo que decidió llamar a la Policía para que intermediara y calmara los ánimos de ambos jóvenes. Lo que la señora nunca imaginó era que el remedio iba a ser peor que la enfermedad.

Según el relato de Marcelo y su padre, los agentes se bajaron del patrullero y con el bastón policial empujaron al joven que cayó sentado. Muy enojado, el joven se incorporó e invitó a pelear al policía que sin mediar palabras se tiró sobre él y le puso las esposas. Ya reducido, lo sentaron contra el patrullero mientras le tomaban los datos a la joven y a los padres del muchacho. Uno de los policías se acercó a Marcelo y le pegó con el bastón en la espalda provocándole un fuerte dolor que ameritó un insulto. Siempre según el relato de la familia, el policía estaba completamente fuera de sí, y levantando nuevamente la vara le descargó un fuerte golpe en la pierna, partiendo el palo en dos.

 

El palo acusador

Para ese entonces Marcelo ya estaba entregado y no comprendía por qué le habían pegado si ya estaba reducido y sentado en el piso. La propia mujer del joven, quien minutos antes era quien más lo insultaba, quiso detener la agresión ya que tampoco entendía a qué se debía la violencia policial.

A empujones y golpes lo subieron al patrullero y lo trasladaron a la Seccional 8ª sin dejar de insultarlo y de agredirlo. Cuando llegaron lo pusieron en un calabozo y lo volvieron a amenazar. Marcelo ya no presentaba resistencia y sólo dejaba que los policías lo humillaran.

El joven les dijo que cuando lo dejaran el libertad tenía pensado denunciarlos por las agresiones sufridas, pero un subcomisario de iniciales PG le respondió que no era conveniente que lo hiciera, ya que si presentaba denuncia lo iban a dejar más tiempo del que pensaba entre rejas.

Mientras tanto, el padre de Marcelo llegó a la comisaría para recriminarles los golpes y como prueba llevaba parte del bastón policial que tenía grabada la inicial G seguida del apellido Pereira. El oficial a cargo le dijo que le entregara el objeto ya que pertenecía al Estado y lo podían detener por robo. A cambio de la entrega, el hombre exigió un recibo, que finalmente y tras una larga discusión fue entregado por los responsables de la comisaría.

Marcelo estaba dispuesto a marcharse sin denunciar a los agresores, pero la insistencia del padre derivó en la denuncia a nivel ministerial. En una carta enviada al ministro del Interior, Marcelo Mena cuenta con lujo de detalles los agravios cometidos por los agentes.

Ni lerdo ni perezoso, el padre del joven volvió al lugar de las agresiones para buscar la otra parte del bastón que finalmente fue encontrado contra el cordón de la vereda. El trozo de madera también será devuelto a la comisaría pero antes de la entrega, el padre del joven quiso enseñarlo a LA REPUBLICA como prueba irrefutable del impresionante golpe que recibió Marcelo en su pierna que de milagro no se partió al igual que el contundente objeto policial.

El caso ahora será dirimido por la Fiscalía Policial y por la Justicia Penal. *

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