Estaba tranquilo en su celda sin acordarse de sus huellas

Juan Antonio Soca Fajardo, de 25 años, cumplía un proceso en la cárcel de Santiago Vázquez por dos delitos de hurto especialmente agravados en reiteración real y estaba satisfecho pues algunas otras tropelías cometidas por él habían quedado en el olvido. Sin embargo, peritos de Policía Técnica al comparar las huellas dactilares «levantadas» en un depósito de la calle Capri, en Camino Carrasco, establecieron que pertenecían al individuo recluido. Al ser llevado en presencia del magistrado, Soca admitió haber consumado un robo en dicho depósito en el mes de mayo, de donde se llevó barras de cobre, jabalinas, medidores, aisladores, terminales y cables, entre otras cosas. Su carátula fue agravada por otro delito de hurto. *

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