"Me parecía estar frente a un Einstein, hasta tenía cuatro parejas", confesó Oficial de Policía

El joven que se hacía pasar por médico fue ubicado en la casa del hermano, en Rosario

A finales de los años 60, una serie televisiva fue sumamente criticada por presentar como héroe a un estafador de guantes blancos. Simon Templar, «El Santo», interpretado por Roger Moore, supo ganarse a la audiencia tras los cientos de disfraces que utilizaba para engañar a sus víctimas que en cada capítulo lo sufrían como una persona distinta. El personaje había nacido en el radioteatro y luego fue llevado al cine en varias ocasiones (la última de ellas en el año 1997, con Val Kilmer en el papel de Simon Templar), pero el «rostro» de El Santo, fue sin dudas el de Roger Moore.

Cuarenta años después, Uruguay tiene su propio «Santo». El falso doctor que se hacía llamar Gabriel Ilhenfeld, dejó un buen recuerdo en el departamento de Colonia, donde atendió a varias personas que a la hora de declarar lo describieron como un profesional amable y muy centrado. Algunos pacientes admiraron la capacidad del joven «doctor» que aunque decía que tenía 26 años, en realidad recién había cumplido los 20.

En eventuales ocasiones conversaba acerca de sus logros en la medicina y cómo había sorteado los difíciles exámenes que en más de una oportunidad había estado a punto de perder.

Mientras simulaba con gran labia su camino por la medicina, el falso doctor sabía que en realidad nunca había podido aprobar los exámenes de tercero de liceo lo que le había costado más de una frustración y tirones de oreja por parte de sus familiares.

El joven fue ganando calle y de a poco se convirtió en una especie de Simon Templar. Su habilidad para engañar a la gente y la convicción con que contaba sus increíbles anécdotas le fueron abriendo camino a distintos empleos que «Ilhenfeld» fue dejando por aburridos o porque el salario era demasiado magro.

Las farsas fueron en aumento hasta que un buen día el audaz joven decidió jugársela e intentar engañar al propio Ministerio de Salud Pública. Sus habilidades en internet le permitieron tomar conocimientos básicos de medicina y gracias a su talento para el engaño, convenció a los responsables de distintos centros asistenciales de su capacidad y su interés por crecer en el área de la medicina.

«Ilhenfeld» presentó algunos pocos certificados falsos y contó cómo su madre se había ido para Francia quedando él solo para luchar y salir adelante con sus estudios en la Facultad de Medicina, lo que le hizo repensar en varias oportunidades terminar con su carrera y dedicarse a otra cosa. Pero también decía que el valor y el amor por la profesión lo hicieron seguir adelante y convertirse en el brillante médico que era hoy con la ayuda, claro, de varios médicos cubanos que lo recibieron con los brazos abiertos en la isla donde por fin pudo culminar con broche de oro su carrera.

Lo cierto es que tanto médicos como pacientes le creían y le tenían un gran respeto.

Su capacidad para convencer a quienes se le paraban delante lo llevaron a obtener beneficios increíbles, como el alquiler de automóviles a nombre de los hospitales o la carga de combustibles a nombre de la reconocida ONG Médicos sin Fronteras, de cuya organización sacó el nombre del verdadero galeno.

Como el falso médico sabía que en cualquier momento podían descubrirlo optaba por cambiar periódicamente de hospitales y de departamentos. Estuvo en Colonia, en Salto y en Artigas, donde se calcula que atendió a más de 400 pacientes.

 

La computadora milagrosa

Los detalles de su paso por el norte del país son asombrosos. Según se pudo establecer, el joven escuchaba a sus pacientes atentamente y luego de tomar nota de los problemas que los afectaban los invitaba a retirarse algunos minutos del consultorio. Esos breves instantes eran aprovechados por el impostor para que internet le brindara alguna información sobre la posible dolencia que podía estar afectando al paciente.

Tras buscar en Google, el «médico» volvía a llamar a su paciente y de acuerdo con los resultados les recomendaba tal o cual medicina.

 

Todos se iban conformes y alegres por el trato del joven doctor

Tal vez la mayor osadía la realizó cuando dos personas que presentaban cuadros graves de neumonía llegaron a su consultorio. El joven se vio en apuros y no tuvo mejor idea que pedir un inmediato traslado de los pacientes a Montevideo. Aunque no es común que se traslade con tanta urgencia a enfermos que podían ser atendidos en el hospital local, la Fuerza Aérea acató el pedido de «El Santo» que en esta oportunidad se hizo pasar por el jefe local de Disse y los enfermos después de volar quedaron sumamente agradecidos y fueron atendidos en nosocomios capitalinos.

En el Pereira Rossell también supo ganarse el cariño de sus compañeros. Nadie duda en afirmar que era un joven simpático y que constantemente demostraba su interés por la medicina.

Pero la farsa fue creciendo y se hizo insostenible. El impostor quedó al descubierto y no tuvo más remedio que entregarse. Los responsables de la Seccional 3ª afirmaron que la actitud del muchacho los sorprendió de sobremanera.

«La verdad, tiene una labia increíble», dijeron. Un poco en broma y otro poco en serio, los policías que lo entrevistaron aseguran que «casi nos convence. Te habla tan serio y tan bien que te crees que es un fenómeno. Por un momento me parecía estar frente a un Einstein». También afirman que el gran defecto que presenta es su ego. «No sólo no afirma que es médico. Afirma que es un excelente médico, como no hay otro en Uruguay».

 

Un «latin lover» a cuatro bandas

Fuera de su actividad laboral, por llamarla de alguna manera, «Ilhenfeld» no era demasiado distinto. Tenía cuatro parejas  según dicen, dos hombres y dos mujeres  con los cuales compartía sus ratos libres. Ninguno sabía de la existencia de sus otros amantes y tampoco imaginaban que en realidad no era médico. Sus constantes viajes servían para ocultar la cuádruple vida que «Ilhenfeld» sabía llevar tan bien.

Tras su aprehensión surgieron muchas interrogantes. Mientras algunos pedían su cabeza, otros decían que era una picardía y que no le hizo mal a nadie. Tal vez por su admirable destreza para el engaño otros aseguraban que merecía quedar libre y si era posible con algún puestito en un hospital. Como era de esperarse  o no  el joven fue procesado sin prisión por el juez Homero Da Costa por el delito de usurpación de título.

Ahora bien, como suele ocurrir en este tipo de casos, luego de que la farsa llega a su fin comenzaron los coletazos. En Bella Unión 15 personas que fueron atendidas por el «médico» se dieron cuenta de que los había estafado con internaciones en geriátricos que nunca se pagaban. Los familiares de los ancianos le daban una importante suma de dinero al falso doctor quien se comprometía a dejarlos en los mejores asilos de la ciudad. Luego aseguraba a los responsables de los geriátricos una importante cantidad de dinero por cada paciente que les llevaba. Tanto los familiares de los ancianos como los dueños de los asilos todavía están esperando los beneficios que «Ilhenfeld» dijo que les daría. Otra de las denuncias habla de una señora que, confiando en su médico de cabecera, sacó un préstamo y le entregó todo el dinero al hombre que compraría medicamentos de última generación para curarle el mal. Al igual que los otros perjudicados la mujer sigue esperando por los remedios que nunca llegaron.

El Ministerio de Salud Pública no quedó ajeno a las denuncias y también presentó la suya. Lo acusan de haber utilizado servicios del MSP y de haber falsificado recetas y órdenes para medicación.

Con todas estas denuncias en su contra, era de esperarse que «Ilh
enfeld» se esfumara. Cuando los policías fueron a buscarlo para llevarlo a la comisaría y continuar así con la investigación, el falso médico había desaparecido. Recorrieron sus cuatro domicilios pero ninguna de sus parejas supo indicar dónde estaba.

Para hacer más complejo el panorama, ahora aparecieron en escena dos enfermeras de Bella Unión que habrían actuado en complicidad con el joven. Al parecer las mujeres eran pagadas por «Ilhenfeld» para que confirmaran todos los dichos sobre su trayectoria y su sapiencia.

«Tenemos que tener cuidado. También aparecieron algunas personas diciendo que sufrieron problemas graves a causa de remedios que él les recomendó. Todo tiene que ser minuciosamente estudiado, no vaya a ser que aparezcan nuevos «vivos» que se aprovechen de la oportunidad para conseguir un poco de dinero», confió a LA REPUBLICA uno de los policías. Debido a las nuevas denuncias presentadas en su contra, el Comando de la Jefatura de Policía solicitó a Interpol que se radiara orden de captura a nivel nacional. Los investigadores tenían firmes sospechas de que el joven pudiera estar en el departamento de Colonia, concretamente en la ciudad de Rosario, donde finalmente fue encontrado, en la casa de su hermano. *

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