"La droga lo tiene totalmente consumido, hay que esperar a que su hijo se muera"
«Mi nombre es Shirley Fernández, vivo en el barrio Maracaná en una vivienda humilde de la calle Congreso de Avalo esquina Nuble Syc. Estoy separada y vivo con dos de mis nueve hijos; uno de ellos, Fernando, vive con su mujer y sus tres hijos, y también vive con nosotros un tío paterno. El otro hijo que vive conmigo se llama Rodrigo Sebastián Da Silva, tiene 21 años y padece de un retardo mental desde los ocho años, y lamentablemente es adicto a la pasta base desde hace dos años. Inclusive en mayo de este año estuvo internado en el «Portal Amarillo», pero el daño fue más grande, lo medicaban y no le hacía bien, estaba peor. Una de las encargadas me dijo: la droga lo tiene totalmente consumido, no se puede hacer nada, sólo hay que esperar a que se muera». Con esa respuesta lo saqué enseguida del lugar», relató la mujer.
Confiesa la señora «él tiene varias denuncias en las seccionales 23 y 24 por robos cometidos a vecinos de la zona. También ha robado en mi casa. Rodrigo estuvo dos veces en el Comcar. La primera vez estando internado en el INAU por rapiñas, junto con otros menores se fugaron y volvió a cometer una rapiña en una finca. Por ese delito, lo enviaron por primera vez al Comcar y allí estuvo tres meses. La segunda vez, en mayo de 2005, por robar fue de nuevo al Comcar y estuvo cuatro meses recluido».
La terrible paliza
«El 27 de julio, Rodrigo estaba caminando por Camino Cibils y ruta 1, cuando dos uniformados de la Seccional 23ª, que viajaban en un patrullero, detuvieron la marcha y sin mediar palabra alguna lo ingresaron a la fuerza al vehículo. Lo llevaron hasta Camino Sanguinetti y O’Higgins, a metros del Comcar, lo hicieron descender y le propinaron una terrible paliza y después los muy cobardes le dijeron en un tono amenazante: «si te volvemos a ver te matamos». Lo dejaron tirado y malherido en la calle y pasó un médico que lo auxilió de inmediato. Rodrigo me contó con lujo de detalles lo que le habían hecho esos dos basuras», dijo dolida la mujer.
«Ese mismo día como estaba indignada, me dirigí a Delitos Complejos a hacer la denuncia junto con Rodrigo para que lo vieran. Me atendieron de mala gana en el corredor de jefatura y me dijeron que la denuncia tenía que realizarla en la Segunda Zona, ubicada en Aparicio Saravia y La Vía. Pero, decidí ir al Ministerio del Interior y un funcionario me dijo que la denuncia la tenía que hacer escrita. A las 17.00 horas de ese día, me dirigí a un juzgado de la calle Bartolomé Mitre y otro funcionario me dijo que tenía que ir a Defensoría Penal de la calle 25 de Mayo y Misiones para hacer el maldito escrito. Fui corriendo hasta Defensoría Penal y la desgraciada de la funcionaria me dijo muy tranquila: «lo siento no hay más números». Me dijo que tenía que ir al Ministerio del Interior para realizar denuncias contra agentes policiales. Estaba tan desesperada que iba a ir nuevamente, no quería que lo que le habían hecho a mi hijo quedara impune. Pero Rodrigo, ante mi desesperación, me miró a los ojos y me dijo: «dejá mamá esto no tiene arreglo, no nos van a recibir en ningún lado«, y sus palabras me partieron el alma».
Las miles de detenciones
La señora recuerda con precisión que «unos días más tarde, en agosto, fue detenido nuevamente por denuncias por efectivos de la Seccional 23ª. Pero el juez lo dejó en libertad unas horas más tarde. Un día de tarde llegué del médico, y Rodrigo estaba durmiendo. Me dijo uno de sus hermanos que había estado durmiendo desde temprano. A las 21.00 horas siento ruido de sirenas, miro a través de la ventana y veo en la entrada de mi casa a varios móviles de la seccional 23ª, de la 24ª, y del grupo GEO. Eran como 17 uniformados, salgo y le pregunto a un policía de la 24ª: ¿y ahora qué hizo Rodrigo? El comisario Gómez, de la citada seccional, me respondió: «Hay una denuncia contra el Tata (apodo que tiene mi hijo) por el robo de una moto«. Yo le dije que era imposible que hubiera sido él, porque había dormido toda la tarde. El comisario me dijo que fuera a aclarar todo, y si no se comprobaba nada él volvía a su casa. Desperté a mi hijo, le conté y me dijo que él no había hecho absolutamente nada. En el momento que salíamos para ir, él me dijo: «má, son esos los que me dieron la paliza«, y me señaló a dos policías de la 23ª. Enseguida, esas basuras se dieron cuenta y se fueron a toda velocidad en una camioneta. Fui con él a declarar a la Seccional 24ª, pasaron dos horas y el juez lo dejó libre», señalo la madre del joven adicto.
El procesamiento
«El sábado 26 de agosto cuando llegué a mi casa, de una reunión de las «Madres de la Plaza», encuentro un terrible desorden y uno de mis hijos me dijo: «ma, los de la 23ª se lo llevaron al Rodrigo«. Inclusive habían allanado la casa con perros. Cuando llegué a la 23, me dijeron que lo tenían como siempre por denuncias de robos y rapiñas, cosa de todos los días, relató la mujer. La señora agregó «luego de pasar la noche en la seccional, al otro día el juez de penal de 1º Turno, Fernández Lechini, lo procesó con prisión por cuatro delitos de hurto y un delito de rapiña. Y mi hijo me dijo «los cuatro delitos de hurto sí los hice, pero el de rapiña me lo «embocaron», te juro que no lo hice«. Unas jóvenes lo acusaban del robo de una moto. Pero el padrastro de una de ellas le dijo a uno de mis hijos que el juez les había lavado la cabeza para que lo acusaran y que ahora ellas no iban a dar vuelta atrás».
La señora afirmó «nosotros sabemos quiénes son los chorros de la moto, y sabemos a quién se la vendieron. Ellos son dos conocidos del barrio: un joven de 24 años que se llama Adrián alias «el gallego», y otro joven que ya fue procesado, pero por un robo a un Abitab.
Fui al Ministerio del Interior a denunciar el hecho, me reuní con Lechini contándole lo que nos había dicho el padrastro de una de ellas, y me dijo que si los testigos no cambian el testimonio nada podía hacer. Incluso le pedimos para que lo trasladen al Vilardebó, por sus problemas de discapacidad y su adicción a la pasta base. Solicité una reunión con el jefe de Policía, Bernal, y nunca nos recibió. Nuestro abogado, el doctor Daniel Stella, fue a ver la denuncia y pudo comprobar que fue realizada el 14 de junio. Y ese día mi hijo estaba en la casa de mi hermana con su primo. En la misma dice que tiene pelo largo y hace años que está rapado a cero».
Para finalizar, la madre reclama por la suerte de su hijo «él ahora está en el Comcar por un delito que no hizo, sí cometió los cuatro delitos de hurto, pero la rapiña de la moto Rodrigo me asegura que no la hizo y yo le creo, lo miro a los ojos y veo la verdad en su interior. En octubre es el manifiesto, y hasta ese momento tenemos tiempo para presentar pruebas. Que pague por lo que hizo, pero es injusto que pague por algo que no hizo». *
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