Una jueza norteña tuvo que irse por la presión de los jefes del contrabando en la frontera

Las intrigas de la mafia: policías de Rivera están bajo sospecha por doble ejecución de brasileños

Dada la modalidad de operar del grupo de contrabandistas que movía millones de dólares mensuales, enviando cargas de whisky, electrodomésticos y hasta armamento, quizás nunca serán apresados los verdaderos responsables. En el entorno de los «capos» se mueven elementos secundarios que cumplen el llamado » trabajo sucio» y que va desde enviar las cargas, controlar, sobornar y hasta matar por ellas. El empresario Joaquín Curi, junto al grupo que lo rodeaba, ocupaba uno de los últimos lugares del esquema, conformándose con manejar un poder que no era suyo y que le fue «prestado» por personas que previamente recorrieron el departamento de Rivera hasta encontrar un candidato con las condiciones ideales. El apetito de poder, la juventud y el brillo que le mostraban quienes llegaron a ser sus amigos y hasta compadres como lo era Cándido Vargas Bedín, hicieron de Curi el hombre «a la medida» para realizar la operativa del whisky, manejando cantidades de dinero realmente impensadas para él, con jugosas ganancias y con un trato distante de quienes lo rodeaban. Pero mantener la operación implicaba manejarse con un esquema de corrupción en el cual estaba involucrado un grupo de empresarios y policías de ambos países que fueron quienes le «tendieron la cama» y lo llevaron tras las rejas junto al grupo de colaboradores más cercanos, según afirman sus abogados.

El objetivo del grupo que comandaba entre otros José Antonio Martins, «El Grande» o «JAM», estaba cumplido; sin embargo el empresario había crecido demasiado y hasta tenía sus propios contactos y las ganancias obtenidas eran más que suficientes, por tanto había que «sacarlo del medio» y lo hicieron.

El asesinato de los dos policías brasileños que formaban parte del grupo de contrabandistas aparece ante los ojos de la Justicia brasileña, al decir del Dr. Belmiro Krieger, como «un típico procedimiento mafioso realizado con el fin de inculpar a un individuo». Con el homicidio de Almeida e Ilha Da Silva la organización se sacó de encima un problema y llevó a la cárcel a Curi y Walter Pintos por coautoría de homicidio especialmente agravado y a los hermanos Rafael y Fabián Bengoechea por encubrimiento.

 

Cronología de una venganza

Se entiende que por detrás del doble homicidio es absolutamente inevitable la presencia de un grupo de personas que va más allá de quienes fueron procesados. Se sabe en fuentes policiales del departamento, que causaba un gran nerviosismo en los vecinos del barrio Los Pirineos la presencia de costosos vehículos, todos ellos estacionados frente a la casa que habitaba Walter Pintos junto a su esposa e hija. Es por ello que en alguna oportunidad llamaron la atención de alguno de los policías que cumplían guardia en la zona, que nunca llegaron a realizar un procedimiento.

La relación entre Pintos y Curi era tirante en los últimos tiempos y cuando Walter abandonó a su esposa Gilda, para unirse a Karen P., compañera de trabajo, negándose a cumplir con el apoyo que se le solicitaba para la alimentación de su hija, la esposa del empresario sensibilizada por la desesperante situación económica de Gilda prácticamente lo forzó a entregar parte de su sueldo, lo cual lo enfurecía.

En aquel tiempo se sospechaba que Pintos robaba a su patrón de tres a cuatro botellas de whisky diarias, lo que lo ayudaba a mantenerse junto a su «novia», pero parece que alguien le dijo que él podía ser el «heredero» del negocio de su patrón. En el expediente queda en claro la directa participación de Pintos en el doble homicidio y resta saber el motivo que lo llevó a cambiar su declaración, ya que primero desvinculó a Curi y luego lo inculpó a cambio de un «tratamiento liviano» a la hora de la condena.

Se comenta que además, a partir del poder que ostentaba su patrón, pudo acercarse a varios policías, especialmente a dos, que aparentemente habrían participado del doble homicidio. La identidad de los mismos por ahora se desconoce, pero se sabe que uno de ellos habría fallecido y el otro, ante el cariz que tomaron los acontecimientos se habría jubilado. Para Curi era más fácil manejarse con los policías brasileños, tenía una lujosa mansión en Livramento, a la vuelta de la Sede de la Policía Federal que solía frecuentar y a cuyo frente estaba el delegado José Dinarte, hoy denunciado por la esposa de Curi ante el Juzgado Penal de 2º Turno. En los últimos tiempos se conocieron detalles que permitirían explicar qué fue lo que pasó dentro de la Oficina de Investigaciones, ya que se asegura en la interna policial que varios investigadores brasileños estuvieron presentes, haciendo ostentación de armas y logrando varias veces quedar a solas con el propio Walter, según dicen para informarle del riesgo que correría su familia si se negaba «a cooperar». Es por ello que, según consta en el expediente, ante la posición de Fabián Bengoechea que se proclamaba el hombre de confianza de Curi y lo defendía, sin dejar de inculparse, aparecía por el otro lado Pintos tomando para sí la condición de «mano derecha», defendiéndolo en primera instancia.

 

Momento de citaciones

Por ahora no se sabe cuál fue la reacción de la Policía Civil Brasileña ante la intromisión de un delegado de la Policía Federal (Dinarte), quien con el expediente brasileño (sin traducción) bajo el brazo se presentó ante el juez penal de 2º Turno para radicar la denuncia del posible doble homicidio, aportando datos tan importantes como por ejemplo el lugar donde fueron ejecutados los dos policías. Por el momento en la carpeta de los defensores del empresario Curi estarían los nombres de Walter Pintos, quien al sentirse traicionado estaría dispuesto a reconocer que declaró «bajo presión», Rafael y Fabián Bengoechea, especialmente este último que se dice que «sabe mucho más», además de Gilda, la esposa de Pintos, Karen P., su última pareja, el delegado de la Policía Federal, José Dinarte, y especialmente se trataría de hablar con la delegada de la Policía Civil, Marcia Benini, quien en circunstancias no aclaradas solicitó ser trasladada cuando debía hacerse cargo del caso. Se supo que la propia Benini habría recibido una comunicación telefónica alertándola: «No te metas en el caso, porque ahora que se ‘apagaron’ a esos dos (Almeida e Ilha) el control lo asumió…», mencionando a un alto jerarca de la Policía brasileña. En tanto todo esto sucede, la figura del sicario Ricardo Guimaraens, reunido en varias oportunidades con policías brasileños sin que nadie intentara detenerlo, queda cada vez más lejos del doble homicidio. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje