"Hay que aprender de la sabiduría de la Justicia uruguaya", dice la Policía Federal Brasileña enfrentada a magistrados
Como informó LA REPUBLICA en su oportunidad, João Arcanjo Ribeiro está recluido en la cárcel Pascual Ramos en la localidad de Cuiabá, en una celda con dos puertas blindadas y tres cámaras de seguridad que lo mantienen vigilado las 24 horas del día. Desde que el 11 de marzo el «Operativo Pantano» fue realizado con éxito por parte de las autoridades policiales de Uruguay para trasladar al peligroso recluso a tierras norteñas, la Justicia del país vecino ya no sabe más que hacer con el «Comendador». Visitó los juzgados varias veces y se negó a abrir la boca, alegando por carta que no estaba dispuesto a ser «comida de lobos» para la clase política. Acusado de múltiples estafas, asesinatos, coimas y de sustentar la campaña del actual presidente de la República, Luis Inácio Lula da Silva con dinero «sucio», Arcanjo se convirtió en una especie de enemigo público para el estado de Mato Grosso. Desde que el peligroso hombre del Pantanal fue detenido por la Policía uruguaya en 2003, permaneció casi tres años en la Cárcel Central, donde llevaba una vida tranquila sin amigos ni enemigos y teniendo como única visita a su esposa, una acaudalada señora que mientras su esposo estuvo recluido habitó una hermosa casa de la zona de Carrasco. Si bien siempre se temió una posible fuga, Arcanjo se portó bastante bien y nunca generó mayores problemas para una guardia que terminó por calificarlo como «momia» ya que no hablaba casi nunca y su mirada era de temer. Ahora bien, desde que fue extraditado a su país de origen, la causa ya ha cambiado en dos oportunidades de magistrado y los testigos que antes sobraban ahora no se animan a declarar. En una primera instancia se creyó que podían condenarlo a por lo menos 40 años de prisión, pero al día de hoy esa pena se vio disminuida a sólo 10 años, tres de los cuales ya los cumplió en la cárcel de la Jefatura capitalina. Debido a su poder y al caudal de dinero que lo rodea, los responsables de los presidios brasileños intentaron esquivar su presencia, poniendo como excusa que las distintas prisiones no tenían la seguridad adecuada para un preso de esas características. De todas formas, el «Comendador» fue recluido en la penitenciaría regional de Pascual Ramos en una celda especialmente acondicionada para él. La habitación cuenta con todas la comodidades pero tiene un sistema de seguridad que incomoda hasta a los propios guardias que se sienten como en una especie de Reality Show seguidos por cámaras de vigilancia las 24 horas del día. Pero, los verdaderos problemas surgieron cuando una jueza de Mato Grosso decidió encarcelar en la misma prisión a dos de los principales miembros del PCC, Lamarque Silva Peixoto y Fausto Fernandes Durgo Filho, más conocido como «Faustão». Ambos sujetos fueron procesados por diversos delitos de homicidio, rapiña, asaltos y enfrentamientos con la Policía. Según el servicio de inteligencia de la Secretaría de Justicia, Lamarque es considerado un «general» dentro del PCC y su amigo y colega fue el encargado de dirigir mediante el uso de un celular uno de los recientes ataques contra comisarías y ómnibus en el estado de San Pablo. La peligrosidad de ambos reclusos llevó a que las autoridades judiciales decidieran su encarcelamiento en el mismo sector donde se encuentra alojado João Arcanjo Ribeiro juntando, según jerarcas de la Policía, «a un cerebro y dos manos». Esta decisión motivó una serie de descargas por parte de autoridades policiales brasileñas que destacaron la labor de los efectivos y los jueces de Uruguay, ya que a su entender «en Montevideo el recluso no mantuvo contacto con ningún poderoso, haciendo casi imposible que pudiera planear una fuga». También dijeron que «la Justicia uruguaya actuó con sabiduría y ni bien pudieron lo extraditaron bajo un impresionante sistema de seguridad. Ellos lo dejaron recluido en una cárcel de mínima seguridad pero sin embargo nunca le permitieron extender sus redes. Jamás tuvo oportunidad de contactarse con el exterior de forma fluida como sí puede hacerlo ahora por medio del PCC. Se juntó a un hombre con mucho dinero con un hombre con mucho poder de fuego», aseguraron.
De todas formas en los próximos días, el «Comendador» será nuevamente trasladado. Esta vez su destino será la Penitenciaría Federal de Máxima Seguridad de Catanduvas, en el estado de Paraná, la cárcel catalogada como la más segura de todo Brasil. Mientras tanto, las autoridades policiales decidieron rodear la prisión Pascual Ramos con todos los efectivos del Batallón de Operaciones Especiales, un grupo especialmente formado para retener tras las rejas a Arcanjo. La jueza que tomó la decisión de encarcelar a los líderes del PCC junto a João Arcanjo Ribeiro realizó declaraciones sobre los halagos de la Policía brasileña a sus pares uruguayos afirmando que «si estaba en una cárcel de mínima seguridad en Uruguay y se pudo fugar, ¿para qué necesitan tantos efectivos para retenerlo en una prisión de donde nunca se ha logrado escapar nadie? *
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