Los niños invisibles sólo aparecen para ser aplaudidos mientras los castigan

De cómo los uruguayos nos estamos transformando en seres insensibles

En el día de ayer, el Negro estaba merodeando por la parada de 8 de Octubre y Comercio, cuando advirtió a una señora que demasiado confiada dejó la cartera sobre el asiento de la parada del ómnibus para arreglarse las medias. El menor aprovechó el decuido y tras tomar el bolso salió corriendo con rumbo sur. Un joven vendedor ambulante vio lo sucedido y comenzó a correr al chiquilín que como siempre está descalzo no pudo escapar. No sólo lo tomó de los pelos y lo levantó en el aire, sino que le pegó varias cachetadas ante la fría mirada de los vecinos que asentían con la cabeza. Sólo uno fue capaz de decir «dejalo ché, ya está, es un botija». El «héroe» de turno le entregó el bolso a la mujer y el menor quedó llorando tirado en la puerta de un supermercado.

Pero el dramático día para el Negro no terminaría ahí. Cuando se incorporó se topó con otros dos niños que forman parte de su «competencia» en los arrebatos. Sin mediar palabra le pegaron unos cuantos golpes y empujones y le rompieron un poco más el pantalón verde y sucio que tenía. Para defenderse, el Negro tomó una botella de Gatorade que dormía en un tacho de basura y se las tiró, pero los menores esquivaron los vidrios y volvieron a pegarle. Nadie se metió. Todos se alejaron y dejaron que, como hombres, se las arreglaran entre ellos. «Lío de malandras», dijo una señora mientras sujetaba fuerte su cartera.

Cuando se cansaron de pegarle y el Negro ya estaba con el rostro cubierto de lágrimas, otro vendedor ambulante se acercó para ayudarlo. Lo puso de pie y le dijo que se fuera para su «cueva», seguramente el lugar donde suele dormir el niño castigado por las drogas.

Luego, algunas horas después, nos enteraríamos de que el Negro no tuvo un día malo, sino que todos los días son así. Es el mismo niño que sufrió una agresión por parte de un chofer del transporte urbano frente a un patrullero luego que, por la ventanilla, se robara el dinero del trabajador.

En aquella oportunidad LA REPUBLICA narró como el hombre le dio varias veces la cabeza contra el móvil policial antes de que los policías bajaran a detenerlo… al niño, claro.

Si usted decide darse una vuelta por 8 de Octubre podrá verlo. Es inconfudible. Usa un pantalón azul, un buzo verde, los pelos parados, moretones en los ojos… es increíble, a pesar de todos esos datos el rasgo más notorio sigue siendo su mirada triste. *

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