A diez metros de 8 de Octubre murió de frío otro hombre; desde la parada la gente miró el cuerpo durante 12 horas
El hombre de tez cetrina, barba frondosa y canosa repartía su tiempo entre barrer la vereda de un almacén y estar junto a otros seres humanos en idéntica situación de calle. Al mediodía del sábado, el indigente sin nombre pasó la escoba por última vez en el comercio de unos armenios solidarios. Empezó a sentirse mal y sentado contra el muro cerca de la pinturería enclavada en 8 de Octubre y Habana vomitó. Un vecino que pasó en su auto lo vio, y al llegar a su casa llamó al 911. «No hay en este momento personal disponible», le dijeron. Simultáneamente otra vecina llamó al 105 de la emergencia externa de Salud Pública. A las dos horas llegó una ambulancia, se bajaron dos médicos y confirmaron que el indigente «estaba en perfecto estado de salud», por lo cual se retiraron. Un tercer vecino vaticinó: «Esta gente no se lo llevó por el olor que despedía». Las puertas de todos los comercios cerraron a las nueve de la noche, el hombre se recostó nuevamente contra su muro y miró pasar a hombres y mujeres que conocía desde hace tiempo. Ayer, domingo, a las 7.30 fue encontrado tendido casi sobre el cordón de la vereda. Estaba muerto.
Minutos después aparecieron efectivos de la Seccional 16ª para hacer la guardia hasta que llegara una segunda ambulancia. Esta llegó a las 11.10. Se bajó un médico y certificó el fallecimiento. La ambulancia partió y el cuerpo siguió estando ahí cinco horas más, en la concurrida parada del enclave de Flor de Maroñas, a la vista de decenas de mujeres, hombres y niños que pasaron a su lado. Todo indica que el hombre murió de frío (hipotermia). Los vecinos se reunieron para comentar la muerte. Uno de ellos se preguntó por qué la ambulancia que estuvo la tarde del sábado no se lo llevó cuando aún estaba con vida y «bien». *
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