"Los agentes pobres que andan en bicicleta tienen miedo y el departamento es una orgía de impunidad", afirma

Un periodista de Tacuarembó tuvo que armarse al quedar cercado por denunciar corrupción policial

Según el periodista, «la Policía de Tacuarembó no ha tenido una historia muy decorosa después de la dictadura. En estos veinte años tres comandos completos fueron procesados, y entre los más de veinte oficiales que han sido juzgados por la Justicia se incluyen tres jefes de Policía y una cifra importante de agentes de menor jerarquía».

En opinión del subjefe de Policía, inspector mayor Juan Ferreira, rodean a Tacuarembó decenas de pistas de avión y hay también decenas de formas de llegar por ruta desde la frontera brasileña a esta zona. Hace un mes un hombre murió en Ruta 5 en un accidente automovilístico, descubriéndose casualmente que llevaba un importante cargamento de whisky de contrabando para el sur.

Olivera Prietto recuerda «que hace algún tiempo más un avión que viajaba hacia Tacuarembó debió volver y su piloto fue muerto a tiros en Livramento por la Policía brasileña; en su interior el avión tenía 120 kilos de marihuana, y había dejado caer 380 kilos en algún lugar. Estos casos se conocen por accidente y no por operativos policiales preparados, y muestran una actividad delictiva que en condiciones «normales» debe funcionar sin problemas. Llama la atención entonces la falta de efectividad de la Policía de la zona en delitos importantes (contrabando, etc.) que evidentemente deben existir».

 

Investigaciones del Ministerio

Los primeros días del mes de mayo estuvieron en Tacuarembó la Dra. Miriam Barlocco, abogada dependiente del Ministerio del Interior, y dos ayudantes, enviados expresamente por el ministro Díaz para estudiar por lo menos tres casos que aún están sin cerrar.

Sin bien éstos pertenecen a la interna policial, muestran rasgos de impunidad que no son deseables en épocas de democracia, agrega el periodista.

Esta instancia fue el resultado de gestiones del diputado Edgardo Rodríguez (MPP-FA), legislador por Tacuarembó, y de varios funcionarios que han estado enviando información al Ministerio, o reuniéndose con personas allegadas al ministro.

La Dra. Barlocco contó con las actuaciones del Dr. Carronccio, ex fiscal letrado de Policía (que pasó a retiro meses atrás), quien ya había iniciado la investigación y sobre esos expedientes está haciendo ampliaciones.

El periodista afirma que «en los últimos días el jefe de Policía ha salido en defensa pública de oficiales que hoy se los está investigando por torturas en el año 2000, y esto ha llamado la atención.

Según nuestras fuentes, los oficiales investigados son: un actual integrante del Comando de la Jefatura de Tacuarembó (tercero en la línea de mando), el comisario inspector José Luis Fagúndez Brazeiro y el oficial ayudante William Mascaraña».

Si bien algunos medios locales informan detalles del asunto, el único medio que informa a la población exhaustivamente sobre la gravedad de estos temas es Acción Informativa, un semanario que se distribuye localmente, y que como resultado ha estado recibiendo en los últimos días amenazas telefónicas.

 

Las torturas del puente de Paso de Víctor

La Dra. Barlocco está investigando las denuncias realizadas por una agente policial, Alda Machado, que en el año 2000 trabajaba en la Comisaría 6ª Sección de Tacuarembó, quien optó por llamar al teléfono 0800 del Ministerio del Interior, pues pensó que lo que había sucedido era grave.

Tres jóvenes (con antecedentes policiales por delitos menores) fueron torturados ese año en un paraje por Ruta 31, a 37 kilómetros de la ciudad, conocido como Paso de Víctor. Ellos son Luis Eduardo Ferreira Morales (33), Julio Gabriel Ferreira Morales (22) y César Leonel Duarte Quiroga (24).

Una entrevista que les hizo el semanario Acción Informativa, comienza relatando Luis Eduardo Ferreira lo siguiente: «Nosotros andábamos de cacería en el monte y llegamos a una estancia en el Tacuarembó Chico a pedir carne (…) un señor nos dijo que tenía orden del patrón de no dar (…) nos fuimos para el monte de vuelta, seguimos Tacuarembó Chico para abajo y había un lotecito de ovejas, y como andábamos con hambre (…) agarramos dos, una para comer en el monte y otra para llevarnos para casa (…). Las matamos y cuando íbamos a llevarlas aparece ese señor, el capataz, con una escopeta y nos sacó a tiros (…) salimos disparando… dejamos las ovejas allí, sin tocar el cuero, sin nada, quedaron muertas nomás. (…). Al otro día fuimos a la casa de nuestra madre que vivía en el Tacuarembó Chico también. Al segundo día va la Policía (…) llegan a boca de noche, a la entrada del sol, preguntando por Julio Ferreira que es mi hermano y el otro muchacho (Leonel Duarte) (…) se vistieron, subieron a la camioneta (policial) y se fueron. A los veinte minutos siento al fondo de la casa de mi madre, hacia la ruta que está el puente de Paso de Víctor, unos tiros. (…) Ya cuando el sol había entrado, de noche, la camioneta aparece de vuelta por la casa de mi madre… que yo tenía que acompañarlos, y dijeron que Julio y el otro muchacho ya estaban en la Comisaría. Subí, y cuando salgo de la portera del campito de mi madre ellos ya entraron a acosarme, para que tratara de declarar en aquel momento, porque si no me iban a matar. Me dijeron que estos (los otros dos) ya estaban muertos, que ya los habían matado abajo del puente de Paso de Víctor, y si yo no declaraba antes de llegar allí, abajo yo iba a ver lo que me iba a pasar.

Les dije que no tenía nada que declarar, y además tampoco lo haría en el medio del campo, que para eso había una Comisaría. Ahí me entraron a babosear y pegarme adentro de la camioneta. Llegamos al puente que queda dos kilómetros de allí y me bajaron entre tres, uno me agarraba de los pelos de atrás y otro en cada brazo, bajamos los escalones, y allí, cuando íbamos para abajo del puente, siento como si se me desplomara un pilar en la cabeza, y de ahí no supe más nada. Me cuenta mi señora y él (señala al hermano) que estuve tres días en CTI y cuatro días en sala. Vine a reconocer al quinto día más o menos dónde estaba…

Cuenta Julio Ferreira: «Esos tiros fueron derecho a nosotros. No derecho, pero nos tiraban cerca. A él lo tuvieron atado contra las columnas del puente, de los pies y de las manos. Abrazados contra las columnas, yo y mi compañero. Bien atados nos torturaban, nos pegaban y nos cinchaban de los pelos para atrás. (…) Fue en el puente de Paso de Víctor por Ruta 31. (…) A mi compañero lo llevaron para adentro del monte, a mí me sacaron de las columnas y me estaquearon contra la camioneta, me cinchaban de los pelos, me torcían los brazos, me decían que tenía que decir cualquier cosa…»

Le preguntamos si era un oficial que le había tirado los tiros, nos contestó que sí.

Cuenta Leonel Duarte: «Me bajaron de la camioneta, me llevaron para dentro del monte, (los dos oficiales investigados) esposado, me colgaron de una barranca, tiraron una botella para el agua y empezó a los tiros, cerca de mí. Estaba esposado, por lo que pusieron un gancho a las esposas y a una pierna, me tiraron al suelo, con la cabeza hacia el lado del agua, en esa barranca, de los pies y me preguntaban si sabía nadar. Después me pegaron (…) ponían el revólver cerca de mi oído y le tiraban a la botella que estaba en el agua. Después de algunos tiros, uno se fue a la camioneta y me dejaron con el otro, atado, después volvió el comisario y nos llevó a la camioneta, y nos ataron a una columna.

Cuenta Julio Ferreira, refiriéndose a Leonel Duarte: «Lo llevaron y entre dos policías lo empezaron a torturar adentro del monte, lo colgaron para abajo en la barranca, atado con una piola en los braz
os y en los pies, y con un gancho lo llevaban hasta cerca del agua y le decían si sabía nadar, y él decía que no sabía, y le contestaban «vos vas a aprender a nadar». Y lo acercaban y le tiraban tiros cerca de él, a quemarropa casi, rozando la ropa las balas. Después lo hacían caminar, lo sacaban para adentro del monte a lo oscuro y le decían «dale, caminá que vos sabés el camino por acá», y le hacían zancadillas, o le cinchaban con las piolas y caía de cabeza y lo levantaban a patadas. Y estábamos amenazados mismo, porque nos decían que nos iban a matar.

Julio Ferreira nos cuenta: «Los que nos torturaron fueron cuatro, pero los que actuaron más contra nosotros fueron los hombres de cargos más altos. También los agentes que eran mandados, que tenían que agarrarnos para que ellos pudieran torturarnos. Lo que yo sé, es que los que nos hicieron eso fueron cuatro. Pero por lo que me han dicho afuera, son más; dicen que hay alrededor de 20 policías involucrados. Es como una cadena que todos saben, todos tapan. Hace tiempo que hacen eso. No fue solamente a nosotros, porque ahí en el barrio Santángelo se lo hicieron a dos muchachos, los dejaron atados y desnudos en la calle. En Valle Edén a dos más le hicieron lo mismo, les pegaron una paliza y los dejaron pelados adentro del monte, atados. Se ve que ya lo venían haciendo».

Según nos contaron, el traslado a la Comisaría 6ª Sección en Tacuarembó no fue cómodo, los llevaron con las esposas apretadas, tirados en el piso, mientras se reían y les decían que se callaran la boca cuando reclamaban mejor trato. Luis Eduardo nos dijo: «A mí me agarraron como bolsa de papa (estaba inconsciente). Me agarraron entre tres y me tiraron arriba de la camioneta, el dice (Julio) que puso la mano por abajo para que no me golpearan la cabeza. Me tiraron así nomás».

Cuenta Julio: «Tocaron para el pueblo y cuando vieron que ya iban como 30 kilómetros y él no volvía en sí, miraban con las linternas y creyeron que estaba como muerto, y empezaron a apretar el clavo, hasta que llegaron al hospital». «En ese momento ellos estaban tomados. Andaban con tragos encima».

Cuenta Julio cómo le rompieron la quijada: «Fue una trompada que me pegaron, no sé con qué fue que me pegaron. Y siempre con pistola en mano, queriendo ya apuntar a uno, que te mato, que te mato».

 

Denuncian al jefe de Policía

El otro caso que se investiga es el traslado irregular de un preso desde Paso de los Toros. En el año 2005 hubo un robo en un comercio local donde los ladrones fueron apresados en un operativo policial luego de haber sido rodeada la manzana, al ser avisados por un vecino. Dos personas fueron detenidas y procesadas, pero jamás apareció el grueso del botín, unos 15 mil dólares. Un tiempo después un preso que estaba en Paso de los Toros, Richard Correngia Díaz, que era compañero de celda de uno de los ladrones del comercio, solicitó hacer una declaración sobre detalles que conocía del robo, a cambio de que se lo trasladara a la cárcel de Tacuarembó hasta cumplir su condena. A principios de octubre de 2005 se lo llevó a Tacuarembó por decisión de las autoridades policiales, se lo interrogó en la Seccional 1ª de Tacuarembó (existen versiones muy fuertes que dicen que este preso estuvo atado a un árbol y presumiblemente mal tratado). Luego no sólo no cumplieron con dejarlo en Tacuarembó como era el acuerdo, sino que lo interrogaron sin presencia de su abogado y en condiciones dudosas, y poniendo en riesgo la seguridad de Correngia lo devolvieron a la misma celda que estaba antes, en Paso de los Toros, con el preso que estaba implicado en el robo al comercio. Ante esta situación el comisario Tolentino de los Santos, en ese momento director de Cárceles en Tacuarembó realizó un informe por escrito al superior inmediato y al juez de la causa, denunciando la irregularidad que, según dijo su abogado, él no tuvo conocimiento previo. Quien denunció esta irregularidad también fue la Dra. Elsa Carreño, abogada de Correngia en ese momento, el 6 de octubre del año 2005, ante el Juzgado Letrado de Primera Instancia de Primer Turno de Tacuarembó.

El pasado lunes 15, el Dr. Cley Espinosa presentó nuevas pruebas ampliando la denuncia que ya había presentado el comisario Tolentino de los Santos contra el jefe de Policía, inspector mayor Edilberto Duarte, por esta misma situación, pues argumenta que el jefe reconoció públicamente en algunos medios locales (radiales y escritos), que «lo trajimos para interrogarlo y como no nos sirvió nada lo que nos dijo, lo llevamos de vuelta para Paso de los Toros». Es decir que, según la opinión de este abogado, el propio jefe de Policía reconoció públicamente que Correngia había sido interrogado en forma irregular, procedimiento ilegítimo, por ser violatorio de leyes penales uruguayas y del derecho internacional, establecidos en el Pacto de San José de Costa Rica.

Otro de los argumentos para ampliar las denuncias al jefe de Policía de Tacuarembó es por qué en tanto se estaba investigando y haciendo las actuaciones con respecto a estos asuntos, ha salido a los medios dando detalles de los mismos (existen pruebas de medios escritos y grabaciones de programas radiales).

 

Operación limpieza

La defensa que se hace desde el Comando de la Policía de Tacuarembó a las personas involucradas en casos irregulares es lo que llama la atención. Estas actuaciones tienen su motivación central en desmantelar, en apariencia, un ala de la Policía que quiere aclarar los hechos e intentar sanear la imagen de la Policía. Sin embargo se han venido tomando decisiones para cambiar destinos de oficiales y agentes, como es el caso del comisario inspector Carlos Bueno, quien denunció en el año 2002 irregularidades internas, por las cuales fueron procesados más de veinte funcionarios policiales corruptos en asuntos de abigeato, contrabando, etc., entre los cuales se contaban dos jefes de Policía. En este caso, con fecha 9 de mayo, el ministro del Interior firmó su traslado a la Dirección Nacional de Cárceles (a instancias del jefe de Policía).

«Es decir, que aquel oficial que fue héroe en aquella época, porque gracias a su gestión se descubrieron delitos en la interna policial, hoy es un villano para este Comando Departamental que intenta alejarlo. Hay que pensar que ser héroe en la consideración de un civil, puede significar ser traidor en los soterrados códigos policiales. Ante esto, el comisario inspector Bueno presentará un «recurso de amparo a la decisión ministerial, apelando el daño que le provoca y contrariando las circunstancias en que está tomada tal decisión», dice el periodista que sigue investigando la corrupción policial en su departamento.

Actualmente el comisario Tolentino de los Santos, que fue quien informó a la Justicia sobre el traslado irregular de Correngia, y que sirvió de secretario cuando la agente policial Alda Machado denunció las torturas a los dos hermanos Ferreira y Duarte, fue ordenado su traslado por el jefe de Policía a Colonia de un día para el otro. El comisario de los Santos también presentó un recurso de amparo marcando los perjuicios que le ocasiona el traslado intempestivo.

Olivera Prietto afirma que «hay casos de algunos agentes que han sido testigos o denunciantes de situaciones irregulares que actualmente están siendo trasladados de destino, perseguidos y amenazados».

Los interrogatorios continuarán el 7 de junio de 2006, y se deben presentar en el Juzgado Letrado de Primera Instancia de Tacuarembó el comisario inspector Basilicio Berrueta, el comisario inspector Carlos Bueno, el comisario Tolentino de los Santos, la agente de 1ª Zully Paz, el agente de 2ª Alfredo Cuadrado y el joven tort
urado Luis Ferreira. El 8 de junio se debe presentar la agente Alda Machado Rubido.

En Tacuarembó existen muertes sin aclarar, robos sin aclarar y al periodista de Acción Informativa una gran cantidad de personas le han señalado que existen vínculos entre delincuentes y algunos efectivos policiales. «Los policías menores, los policías pobres de Tacuarembó que van a su trabajo en bicicleta, o motos compradas en cuotas, no saben qué hacer. Son esos policías que participan de comisiones fomento, de centros barriales, que viven sus vidas como buenos vecinos, están asustados y prefieren no hablar, hacer como que no ven nada», afirma el periodista. «Hemos puesto sólo algunos ejemplos que muestran con la impunidad que se cree que aún se puede actuar, pero que señalan un proceder que bastante mal le hace al sistema.

Muy bien le haría a Tacuarembó una mirada atenta desde el Ministerio, hoy un territorio que es tierra de nadie, que poco se sabe qué se hace en los caminos que lo unen con Brasil o Argentina, que no hay controles de los vuelos de aviones que vienen de Paraguay, y que es campo fértil para todo tipo de transas», concluye el periodista que reconoce que desde hace tiempo está armado porque no sabe qué le puede pasar a la vuelta de cualquier esquina. *

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