Cuatro personas a prisión por impactante crimen y torturas que incluyeron hasta el tenebroso submarino seco

El veterano del ejército español, perverso y psicótico, sometió a un calvario al empresario

Tras dos maratónicas y extenuantes jornadas (más de 30 horas de interrogatorios) cumplidas en el Juzgado Penal de 2º Turno de Maldonado, a cargo de la doctora Lina Fernández y el fiscal Gustavo Zubía  a las que se ajustaron decenas de policías y funcionarios judiciales, sin descanso y sin alimentarse adecuadamente  se conocieron todos los detalles de la tenebrosa trama y cuatro personas resultaron procesadas con prisión por gravísimos delitos: tres de ellas por homicidio muy especialmente agravado y la restante por encubrimiento y hurto.

El cabecilla de la banda era el español radicado en Maldonado desde el año 2004, Francisco Javier M.P., veterano del Ejército español, de quien se esperan conocer más datos a través de Interpol, entre otras cosas para corroborar su verdadera identidad. Este hombre había entregado a Hugo Charamello alrededor de U$S 250.000 para concretar algunos negocios. «Es un hombre perverso y sicótico», confiaron a LA REPUBLICA fuentes del caso.

El principal cómplice fue el agente de policía Oscar Manuel M.M. de 23 años, quien revistaba en los cuadros de la Seccional 1ª de Maldonado y estaba asignado al destacamento de Solanas, siendo un vasto conocedor de la zona donde sepultaron el cuerpo de la víctima. También fue a prisión María Vanesa B. de 29 años, la compañera de M.P, quien 6 años atrás conoció al veterano de guerra español en Mallorca donde ejercía la prostitución. Los tres principales implicados, fueron procesados con prisión como copartícipes de un delito de homicidio muy especialmente agravado.

Finalmente fue procesado también con prisión por encubrimiento y un delito de hurto, ambos en reiteración real, el escribano del Chuy, José Pedro Z.P. de 46 años, poseedor de un antecedente por estafa en el año 2000.

A todo esto, otra mujer que hasta hace algunas semanas trabajaba en la inmobiliaria de Charamello, quedó en libertad sin perjuicio, porque si bien en esta instancia no se le pudo constatar participación o conocimiento alguno de todo lo ocurrido, se aprestaba a viajar próximamente a España con todos los gastos solventados por M.P., a cambio de, aparentemente entregarle documentación de las propiedades y bienes que Charamello poseía en el local de la inmobiliaria «Bravamar».

 

La secuencia

Como ya se informó ampliamente ayer, Hugo Charamello fue secuestrado en su propia inmobiliaria la tarde del pasado sábado. En su propia camioneta Mitsubishi L200 fue llevado hasta la finca de M.P. en el barrio San Antonio I de Maldonado. Allí escondieron el costoso vehículo tras una cortina de malla sombra, maniataron al inmobiliario y le inmovilizaron sus manos con las propias esposas del policía. Lo amenazaron reiteradamente, lo golpearon y le practicaron el submarino seco colocándole una bolsa de nailon en su cabeza en varias ocasiones. Todo en procura de sacarle información de sus cuentas, propiedades y tarjetas de crédito. «El hombre fue muy valiente, les dijo insistentemente que nos les firmaba nada, que lo mataran si querían pero que no les firmaba nada», fue la escalofriante revelación que surgió en parte del interrogatorio según una fuente del caso, que concluyó afirmando que «aquello fue una carnicería».

Las horas corrieron y los tormentos continuaron hasta que en un momento, ya el domingo a la tardecita, dejaron solo a Charamello; pero la mujer del español escuchó sus quejidos. Cuando el español y el policía le quitaron la bolsa de su cabeza, ya estaba muerto por asfixia y fallas cardíacas.

No lo pensaban matar, dijeron, pero el crimen estaba consumado. Fue allí que con absoluta frialdad comenzaron a discutir la forma de deshacerse del cuerpo. Cavaron una fosa en el fondo de la casa del español pero finalmente se jugaron a llevarlo lejos del lugar y sepultarlo en alguna zona alejada que conocía muy bien el infiel policía. Pero como la camioneta «quemaba», en horas de la noche decidieron llevarla a Punta Ballena y dejarla en la puerta de Casa Pueblo; esa tarea fue llevada a cabo por el policía que retornó a pie hacia Maldonado aunque haciendo dedo logró que «lo arrimaran».

Mientras tanto el español y su compañera, alquilaron el Fiat Uno de color gris, en el que luego los tres partieron con el cadáver de Charamello hacia la Ruta 12, donde cavaron una profunda fosa y lo sepultaron en medio de unos arbustos en una zona muy poco transitada. Todos retornaron a Maldonado a descansar de la «complicada faena» y el lunes a la mañana el español y su mujer emprendieron viaje hacia el Chuy. Mientras ella hacía compras en los free shop del lado uruguayo, M.P. aceleraba todos los trámites para acceder a las cuentas de Charamello en el estudio del escribano C.P., quien tuvo pleno conocimiento de todo lo que había ocurrido desde el sábado.

La pareja retornó a Maldonado y nuevamente el miércoles volvió al Chuy, esta vez acompañada por el policía infiel, hasta que fueron atrapados por la Policía de Maldonado en un impresionante operativo que contó con el apoyo de sus pares del Chuy. Ante la Justicia, no surgió «nada firme» respecto a la presunta conducta ilícita de Charamello, en torno a quien se han tejido múltiples conjeturas en los últimos días en la ciudad de Maldonado. *

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