El "Negro Paiva", de aquel héroe de hace 15 años al sicario de hoy

Habla el comisario que buscó al asesino serial hasta que lo encontró en su propio escritorio

El subdirector de la Dirección de Investigaciones de la Jefatura de Policía de Canelones, comisario Jonnhy Trías, aún se siente impactado por «un trabajo agotador y con un final muy triste para el Instituto», aunque reitera el viejo concepto de que «la Policía se depura a sí misma».

«Los asesinatos a sangre fría de Edward Cal, el chofer de Raincoop y del taxista Gerardo Rizzollo, están aclarados, tenemos al homicida en prisión y eso es un paso muy importante», comenta el comisario.

Cuando se le pregunta sobre la identidad de las personas que contrataron al agente Eduardo Paiva Cardozo (43) para ejecutar a los transportistas y los probables motivos, Trías toma distancia «porque yo no tengo certeza alguna de sus declaraciones. Paiva recién se derrumbó casi al finalizar la audiencia judicial y lo único que declaró es que había sido amenazado de muerte y que lo contrataron para dar muerte a las dos víctimas, aunque alega que nunca llegó a cobrar suma de dinero alguna».

El investigador consultado por LA REPUBLICA quiere dejar bien en claro que no hay intención alguna de defender al policía procesado por los dos homicidios, «pero la forma en que vivía, no nos da la pauta de que hubiera recibido fuertes sumas de dinero para encargos de esa naturaleza».

Trías, sin embargo, reconoce que «sus declaraciones finales en el Juzgado de la Ciudad de la Costa (única vez que vi muy caído a Paiva) abren ahora una serie de interrogantes que tienen que ser respondidas. El policía está en la cárcel, opino que hay que esperar que (el asunto) se enfríe un par de días para poder volver a hablar con él».

 

El «Negro Paiva»

Trías comenta que el agente encarcelado «tuvo un sinnúmero de actuaciones y su comportamiento siempre fue correcto. Era un gran conocedor de la calle y era impensable que algún delincuente se atreviera a tomar como víctima al «Negro Paiva». El comisario hace esa revelación por la denuncia que el agente hizo en la ciudad de Las Piedras de que había sido asaltado por un desconocido con el cual se tiroteó. «Fue en ese supuesto hecho -luego probado como simulación- que la credibilidad de Paiva comenzó a caer y lo tomamos como un posible sospechoso, aunque íntimamente no queríamos creerlo. Un policía con tanta calle y conocido por todos no podía extraviar, en el enfrentamiento que denunció, su pistola Glock, la que utilizó para matar a los dos transportistas».

 

Aquellos años

Hace unos 15 años, el policía ahora preso por los crímenes viajaba con su familia en un ómnibus cerca de Paso Carrasco. Incluso su esposa llevaba a su bebé en brazos. Paiva vio a dos delicuentes que llevaban enormes bolsas.

Entonces se bajó del ómnibus y le dio la voz de alto, al tiempo que se acercaban otros colegas para apoyarlo. En ese momento un automóvil le pasó literalmente por encima al policía que fue llevado al CTI del Hospital Policial, donde salvó su vida después de meses de internación.

Trías confirma a LA REPUBLICA que el episodio sucedió efectivamente.

El investigador comenta que el policía convertido en sicario, «vivía en el balneario Shangrilá cuando se produjeron las dos muertes. Luego se mudó a Las Piedras, donde precisamente denunció haber sido asaltado y haber perdido su pistola, y cuando fue detenido ya estaba afincado hacía más de un año en el Hipódromo de Maroñas, donde fueron localizadas las vainas que resultaron pruebas fundamentales para inculparlo. Allí convivía con su señora, con la cual estaba casado hace 18 años y sus tres hijos».

 

«No es creíble»

El policía asesino dijo en sus declaraciones que mató a los dos hombres porque tenían amenazada a su familia. Para el comisario Trías «esa declaración es poco creíble, porque a nadie se le ocurre matar porque tiene miedo por su familia. Evidentemente están faltando muchos cabos para cerrar un caso muy complejo».

El investigador consultado por LA REPUBLICA elude respuestas directas a preguntas tales como si ahora en más las víctimas y su entorno pueden empezar a ser investigados o si el tráfico de cocaína o pasta base pudo haber sido el desencadenante de los crímenes.

«Todo puede ser, seguiremos investigando todas las líneas, pero por ahora hay que esperar 48 horas. Eso, por lo menos, dice el manual», concluye el oficial que tenía en su propia oficina al asesino que tanto buscó. *

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