Sara de Juan Lacaze "volvió a echar chispas", pero por carta

La chica de fuego reclama que se acabe "el lleva y trae" sobre presuntas controversias familiares

LA REPUBLICA, que a través de sucesivos informes se ocupó extensamente del tema, recogió también un planteo formulado por el semanario lacacino «Noticias», según el cual Camilo Díaz, padre de Sara, había denunciado ante la Policía y la Justicia que los «incendios» ocurridos en su casa habrían sido urdidos «por su esposa y su hija».

Luego de la enorme repercusión que adquirió el caso de «Sara de Fuego», es obvio que semejante cuestionamiento en boca del propio padre de la chica provocó un inesperado viraje y también desconcierto en todos aquellos que venían siguiendo atentamente la evolución de los hechos.

Tanto la esposa de Camilo como Sara negaron aquella sorpresiva acusación del jefe de familia y siguieron sosteniendo que «los fuegos» se producían sin ninguna intervención de terceros.

Para rubricar esta posición, Sara Camila dio a conocer una carta en la que textualmente señala: «Desearía que se acabe este constante lleva y trae porque realmente es cansador y a nadie en su sano juicio le debe gustar que usen su nombre para «inventar verdaderas suposiciones» (sic).

El caso viene siendo objeto de una investigación en la órbita judicial y desde marzo hasta ahora, cabe aclarar, no se produjo ningún nuevo foco ígneo en el domicilio particular de la familia Díaz, en calle Ramón Ortiz de Juan Lacaze.

Cuando trascendió el supuesto fenómeno «paranormal», eran casi cotidianos los incendios en dicha finca, con un saldo de ropas y mobiliario destruidos parcial o totalmente, según lo pudieron constatar los efectivos locales del Destacamento de Bomberos y también los funcionarios policiales que acudieron al lugar.

El único incendio que ocurrió en el exterior de la vivienda fue el que arrasó un viejo automóvil que estaba estacionado frente a la casa de Sara. Fue el único caso que contó con un testigo, un vecino de la zona, que vio cuando el vehículo misteriosamente comenzaba a arder.

Después que la historia de Sara tuvo repercusión nacional, la chica recibió ofrecimientos de ayuda de parte de investigadores de ese tipo de fenómenos, y se sabe que recogió al menos una de esas propuestas, para lo que tuvo que trasladarse a otro departamento del Interior del país. De ahí en más, los «fuegos de Sara» se llamaron a sosiego. Ahora resurgen, con la diferencia de que las nuevas llamaradas provienen por vía epistolar. *

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