El recluso sigue custodiado, pero en cualquier momento lo mandan de vuelta a la cárcel de las Rosas

En Maldonado opinan que quien dice ser el asesino del testigo del atentado de AMIA es "el loco del siglo"

El intrincado caso sigue en la órbita del Juzgado Penal de 4º Turno a cargo de la doctora Graciela Eustachio y el fiscal Gustavo Zubía, donde se espera que de un momento a otro lleguen los resultados de una Junta Médica solicitada por el perito de Maldonado que realizó semanas atrás una serie de exámenes siquiátricos del recluso.

Entre tanto, por la citada sede judicial debieron desfilar el mes pasado, desde ex funcionarios judiciales a policías de distintas reparticiones, procurando aportar elementos a una causa muy confusa donde además resulta salpicada mucha gente. Víctor Fernández en tanto, parece ir logrando su objetivo de no querer volver a la cárcel de Las Rosas, ya que sigue debidamente custodiado en dependencias de la Dirección de Investigaciones de la Policía de Maldonado. Así como en Argentina semanas atrás se produjo el robo del siglo contra una entidad bancaria, Fernández puede constituirse «en el loco del siglo». No quedan dudas que el hombre padece trastornos mentales, pero en virtud de que en sus oscilantes declaraciones ha mencionado a «mucha gente» del ámbito policial y judicial del departamento, es que se iniciaron las acciones de rigor. Incluso desde la sede judicial actuante se habrían realizado una serie de diligencias que en ningún caso pudieron corroborar todo lo denunciado por Víctor Fernández.

 

Cayó por rapiña

Como se recordará, Víctor Fernández fue detenido el pasado 15 de enero por rapiña, aunque arrastra un voluminoso «currículum vitae». En el verano de 1996, protagonizó junto a otros tres sujetos, un impactante raid delictivo que se inició en Punta del Este y culminó en la periferia de la ciudad de San Carlos. Aquel verano, Víctor Fernández (32), su medio hermano Angel Ignacio Sánchez Valdez y otros dos sujetos, coparon una finca en la zona de San Rafael y asaltaron a sus ocupantes de nacionalidad argentina. De allí se dieron a la fuga con una serie de efectos y el automóvil de la familia, rumbo a la ciudad de San Carlos. En el Camino Lavagna (periferia de San Carlos) atracaron un camión repartidor de leche; interceptaron el pesado rodado, amenazaron con armas de fuego al conductor, lo asaltaron y se llevaron el vehículo en dirección al centro de la ciudad; arribaron a la terminal de ómnibus y se aprestaron a tomar un taxímetro. Poco después abandonaban al obrero del volante y emprendían la fuga.

Esa misma noche en un impresionante operativo, dos integrantes de la banca cayeron en manos de la Policía y poco después los restantes. Los cuatro resultaron procesados con prisión y comenzaron a purgar su pena en el establecimiento carcelario de Las Rosas. En hechos muy confusos, dos de ellos se habrían quitado la vida, pero otros dos siguieron entre rejas, uno de ellos Víctor Fernández quien, haciendo uso de una salida transitoria se fugó en setiembre del año pasado.

El pasado 15 de enero, efectivos de Investigaciones trabajaban en el esclarecimiento de una rapiña perpetrada en Maldonado, y se encontraron con el fugado que, portaba un revólver de juguete. Desde ese momento, Fernández comenzó a tejer toda la historia del asesinato de Saccar, pero sus declaraciones resultaron tan desconcertantes y por momentos inconsistentes, que incluso se solicitaron pericias siquiátricas cuyos resultados se están esperando.

Lo que ha desconcertado, es la precisión de algunos datos que aporta respecto al lugar donde fue ultimado Saccar en el lejano verano de 2002, pero también porqué si estaba fugado y fue detenido por una rapiña, ahora teme por su vida y pide no ir a la cárcel de Las Rosas.

¿Qué hay de verdad en todo lo que dice? En ese caso, ¿qué responsabilidad tienen policías y funcionarios judiciales de la época? Lo cierto, es que, mientras permanece cómodamente alojado en pleno centro de la ciudad de Maldonado, Víctor Fernández puso en el ojo de la tormenta, a las autoridades de la cárcel de Las Rosas del año 2002, a la guardia del penal de esa época y a operadores judiciales.

A esta altura, ya tuvo que declarar la abogada y escribana, a quien Fernández acusó no solo de «quedarse» con el dinero que le pagarían por asesinar al empresario argentino (la suma de U$S 100 mil), sino de enriquecerse justamente por ese motivo. También declararon varios efectivos de la Dirección de Investigaciones, quienes debieron aportar su versión sobre una nueva denuncia del detenido que está a su cargo, respecto a que un domingo del mes pasado, presumiblemente una mujer que sería abogada, habría concurrido a las dependencias policiales a amenazarlo e incluso ofrecerle dinero para que «cerrara la boca».

¿Puede ser que sepa demasiado del caso sin haber tenido nada que ver, y alguien en la calle o en la propia cárcel lo tiene amenazado? Es una de las innumerables interrogantes que se plantean. En cualquier caso, Fernández volverá a la cárcel, porque no solo estaba prófugo al momento de haber sido detenido sino que sería autor de una rapiña en los primeros días de este año. *

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