El rojo pudo más que el amarillo, el negro, el celeste y el blanco

Sangre, sudor y lágrimas: la pelota se detiene por extrema violencia generada en las canchas

Aunque todavía no hay nada decidido hay dirigentes de clubes y jerarcas policiales que están convencidos que la única posibilidad de frenar la violencia en los espectáculos deportivos es suspendiendo las actividades por algún tiempo.

En la edición de ayer LA REPUBLICA informó sobre la muerte del guarda de Coetc en manos de hinchas de Peñarol que enardecidos y bajo efectos de las drogas y el alcohol embistieron contra todo lo celeste y blanco que se les cruzara.

Héctor Da Cunha, trabajador del transporte y reconocido militante social y del gremio de la Unott, caminaba por Avenida Italia rumbo a la parada del ómnibs cuando tuvo la mala suerte de cruzarse con la peor parte de la hinchada mirasol. Primero fueron insultos, luego algún manotazo y gritos de «Â¡matalo, matalo!», hasta que uno de los desacatados hinchas, extrajo de entre sus ropas un cuchillo y se lo clavó seis veces en el pecho a Da Cunha que cayó de rodillas en brazos de su pequeño hijo de 11 años y de su esposa, que desesperados gritaban pidiendo ayuda. Lamentablemente la furia de los fanáticos vestidos de negro y amarillo hizo que todas las personas «de bien» que estaban cerca salieran huyendo rumbo a cualquier parte por temor a ser agredidos por los vándalos.

Tras eternos minutos un hombre se dignó esquivar a los hinchas y brindar asistencia al herido que ya había perdido mucha sangre. La ayuda médica no tardó en llegar, pero el hincha de Cerro, ya había fallecido.

Los asesinos escaparon rumbo a la avenida 8 de Octubre sin ser identificados. Los pocos testigos que vieron lo ocurrido decidieron marcharse sin brindar información a la policía que sólo logró recabar algunos datos.

En un comunicado emitido por la Unott y el PIT-CNT, se da cuenta del repudio a los hechos de violencia que otra vez enlutecieron al fútbol.

Los gremialistas destacaron a Héctor Da Cunha, como un hombre solidario, militante y muy trabajador. También afirman que la policía y la justicia vienen trabajando de forma permisiva, irresponsable e incapaz.

 

El turno de Cerro

Pero por si acaso un asesinato no alcanzara para detener el fútbol, otro brutal ataque dejó a un jovencito debatiéndose entre la vida y la muerte. Cuando apenas pasaban dos minutos del traslado del trabajador del transporte a un centro asistencial, otra barra, esta vez del club Cerro, se paseaba por Avenida Italia con fierros y cadenas en las manos. Además de romper parte de una parada de ómnibus, los hinchas venían como un tornado que absorbía banderas, gorros y camisetas del club atlético Peñarol. Los ditraídos simpatizantes del aurinegro eran sorprendidos por los cerrences que de una forma cobarde los cercaban para robarles todos los objetos amarillos y negros que tuvieran.

Nuevamente corridas y trompadas cubrieron Avenida Italia que para esa hora ya estaba prácticamente desierta y sólo poblada de alocados hinchas motivados por quien sabe qué drogas. Tres jovencitos vestidos con la camiseta de Peñarol se cruzaron delante de los cerrenses que no perdieron el tiempo y los fueron a agredir. Uno de los muchachos, Germán Teoduloz Segovia, de 17 años, intentó cubrir su rostro pero una lluvia de puños cayó sobre él haciéndolo trastabillar y luego caer. Mientas sentía el dolor provocado por los golpes sintió un ardor en el pecho que terminó con un desmayo. El menor fue trasladado con urgencia al hospital de Clínicas presentando una profunda herida de arma blanca que, según informaron los médicos, ingresó por el tórax e interesó el pulmón izquierdo.

El joven debió ser intervenido quirúrjicamente y ahora sólo resta esperar por un milágro para que se recupere.

Los dos amigos que acompañaban al menor herido, dijeron que los atacantes estaban dispuestos a matarlo, pero que ellos lo defendieron a pedradas y los hinchas decidieron dejarlo tirado y escapar en medio de los cascotes que caían desde el cielo.

Los familiares del hincha de Peñarol dijeron que «siempre fue un chico bueno, nunca se metió en problemas y ahora vienen y le hacen esto, es una barbaridad». La angustia de los familares y amigos sólo es cubierta por la rabia ya que, también en este caso, los agresores lograron escapar en medio de testigos que tampoco hablaron.

El operativo dispuesto para ese encuentro fue de los más nutridos en materia de efectivos policiales. El grupo Puma recorrió las inmediaciones del coloso de cemento y policías de la seccional 9ª en auto y a pie bordearon el Centenario con la intención de detener cualquier desmán que pudiera ocurrir. Otros policías, que cumplen habitualmente funciones en diferentes seccionales también fueron dispuestos para que el espectáculo deportivo transcurriera bajo total calma. La policía montada fue la encargada de supervisar el interior del Parque Batlle, un lugar donde generalmente ocurren enfrentamientos entre hichas.

El comisario de la seccional 9ª Porro, en diálogo con LA REPUBLICA, expresó su congoja por estos hechos de violencia y remarcó que «los desmanes ocurren cada vez más lejos del foco, que en este caso era el estadio Centenario.

El cordón policial se está agrandando cada vez más pero las peleas y las agresiones ocurren lejos del estadio y los efectivos no alcanzan para cubrir tan vasta zona».

 

La súper reunión

Para los proximos días se está planeando una reunión entre dirigentes de la AUF, la plana mayor de la Jefatura de Policía de Montevideo, la Comisión de Seguridad, autoridades del Ministerio de Deportes y del ministerio del Interior y dirigentes de todos los Clubes de fútbol de Montevideo, principalmente de los que actúan en primera división.

La reunión tendrá como fin decidir cómo continuar el fútbol si es que se decide continuar. LA REPUBLICA dialogó con algunos jerarcas policiales que aseguran que «la única manera de hacer entrar en razón a los ‘barras bravas’ es suspendiendo el fútbol por un mes para que las aguas vuelvan a su cauce y los ánimos se tranquilicen. La violencia viene en aumento y lo único posible es pegar un baldazo de agua fría. Hay que suspender el fútbol. Primero el bienestar humano, después, pero mucho después el dinero».

 

La etapa suspendida

Por increíble que parezca, a pesar de los cuchillos que empañaron el espectáculo deportivo del día sábado, todo estaba preparado para que la etapa continuara y que en el día de ayer los equipos entraran al campo de juego a jugar como si nada hubiera pasado. Los encuentros fijados para la mañana se disputaron tal cual estaba planeado aunque con muy poco público en las tribunas. Los dirigentes de la AUF despertaron con la intención de que Nacional y Rampla, el partido «más riesgoso» de la etapa, se jugara con total normalidad. Afortunadamente, un dirigente, vaya a saber cuál, se dio cuenta que era un disparate y que no iba a quedar nada bien para la opinión pública, se puso en contacto con Eugenio Figueredo y a las 13:00 se decidió suspender la etapa.

El comisario de la seccional 9ª dijo a LA REPUBLICA que la suspensión de la etapa era previsible y que, aunque ellos estuvieran preparados para la eventualidad, está completamente de acuerdo con la inmediata detención del fútbol.

Los próximos días serán desisivos para el fútbol uruguayo. El lamentable contagio que emiten nuestros hermanos argentinos desde el interior de sus estadios está pegando fuerte en nuestros escenarios deportivos. En Argentina tras decenas de reuniones se llegó a la conclusión que cada vez que haya una muerte, antes, durante o después de un partido de fútbol, el campeonato se suspende automáticamente hasta que las autoridades crean conveniente retomarlo. En n
uestro país la quita de puntos, la pérdida de beneficios por ser locatario, cordones policiales, minuciosos registros antes de entrar y otras decenas de medidas que surgieron a raíz de reuniones entre dirigentes y la policía, parecen no alcanzar para un fútbol que se muestra tan deteriorado en el juego como en la humanidad de sus hinchas. *

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