Atrincheró al hijo en su casa de Goes para que no fuera a comprar pasta base y el joven lo apuñaló
La pasta base tenía en sus garras al muchachito y la familia vivía un infierno permanente. Muchas cosas que habían sido compradas con gran sacrificio ya habían pasado a las manos de los vendedores de la muerte a un precio miserable.
Al chico no le importaba nada. Sólo quería tener su dosis diaria de la maldita droga para «sentirse bien».
En la noche del martes el hombre, con el alma despedazada pero firme, tomó una decisión muy fuerte para cualquier padre. Enfrentó a su hijo, que estaba como una fiera enjaulada, y le dijo: hoy no salís a comprar drogas.
El adolescente gritó, golpeó todo lo que encontró a su paso y su madre envuelta en lágrimas intentó controlarlo, mientras el padre mantenía una postura inamovible. En un arranque demencial el jovencito se abalanzó sobre su padre, pero el hombre curtido y fuerte por el trabajo sólo se limitó a apretarlo entre sus poderosos brazos. El chiquilín insultaba a su padre y al señor se le caía una lágrima, mientras estrujaba a su hijo que temblaba como un pájaro a punto de morir.
El sueño loco
La tensión duró horas hasta que el cansancio hizo que el jovencito comenzara a perder sus fuerzas. Sus párpados fueron cayendo pesadamente y entró en un letargo. No fue tarea sencilla llevarlo hasta la cama y taparlo sólo con una sábana. El calor era sofocante, pero al caer la madrugada «se me va a enfriar», pensó su mamá.
El hombre le pasó uno de sus brazos por el hombro de la mujer. Ambos permanecieron trémulos al pie de la cama, temiendo que el hijo saltara y quisiera escapar o tuviera una convulsión por falta de droga.
Después de varios minutos y viendo que el hijo se había dormido profundamente, la pareja caminó en absoluto silencio hasta su dormitorio con la intención de descansar un poco.
Estaban agotados. Habían acumulado cansancio y temor por mucho tiempo y además no tenían preparación adecuada para exorcizar al diablo corporizado en ese botija al que tanto querían.
Ya en la cama matrimonial la señora le dijo al marido: «Dios mío, vamos a ver cómo se despierta». El hombre le acarició la cabeza y respondió: quedate tranquila, vieja, quedate tranquila. Los dos miraron el techo en silencio por un largo rato hasta que se durmieron, empapados en sudor.
A la mañana siguiente la primera en despertarse fue la mujer. Al escuchar ruido de mesa y sillas, rápidamente se dirigió a la cocina. Su hijo ya estaba en pie, dando vueltas como un perro rabioso. La madre detectó enseguida que el jovencito tenía un fuerte olor a alcohol y le preguntó qué cosa había tomado.
Los gruesos insultos proferidos por el menor a la madre, despertaron al padre que, sobresaltado, corrió a la cocina, temiendo una tragedia.
Cuando el chiquilín vio llegar al «enemigo» que le había impedido drogarse la noche anterior, tomó una cuchilla del cajón de la cocina y se la clavó en el medio del pecho.
La señora pidió auxilio a los gritos, no sabía qué hacer, tenía a su hijo enloquecido con la cuchilla ensangrentada en su mano y a su marido tendido en el piso y gimiendo de dolor.
Varios vecinos acudieron en ayuda de la mujer, llamaron a la Policía y a la ambulancia. El hombre herido en el tórax debió ser llevado de urgencia al hospital Pasteur, donde quedó internado.
El jovencito fue trasladado en un estado de excitación incontenible a una dependencia policial y luego a un centro asistencial. La atormentada madre presa de una severa crisis nerviosa debió ser sedada. A la hora, la estoica mujer tragó sus lágrimas y se dispuso de nuevo a seguir luchando con el demonio interno de su hijo que ya había puesto fuera de combate al padre. *
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