Lamentable actuación del Marito hizo rugir a los presos y reír a los policías
Solo algunos minutos después de haber sido visitado por la mujer que fue detenida y procesada por intentar pasar un arma de fuego en sus sandalias, el peligroso delincuente Mario Sosa, conocido como «El Marito», fue trasladado a la celda de disciplina. Una vez allí comenzó a romper la cama de concreto para munirse de hierros y piedras para agredir a los policías que sólo lo veían por el pequeño postigo de la puerta. Al sentirse completamente ignorado por la guardia policial, el preso se sacó el mameluco color rosa y fingió haberse suicidado colgándose de las rejas, aunque sus pies jamás se despegaron del suelo. La pantomima tampoco fue creída por los policías que a esa altura ya lo miraban con un poco de «lástima» y otro poco de «vergüenza ajena». Los gritos del Marito, resonaron en el penal y como si se tratara de Tarzán llamando a la fieras, los otros reclusos empezaron a gritar e insultar, golpeando las rejas con objetos metálicos que hacían temblar la estructura del edificio. Afortunadamente los ánimos se calmaron y todo volvió a la normalidad sin registrarse incidentes de ningún tipo. Los informantes dijeron a LA REPUBLICA que la frustrada idea de hacerse de un arma de fuego, dejó al delincuente sumamente molesto y al ser trasladado a la celda de castigo agredió a los policía que debieron usar la fuerza para contenerlo. Medio machucado y furioso, el «Marito» sigue encerrado, castigado, e incomunicado.
Los 121 presos que participaron del escándalo comenzaron una huelga de hambre por tiempo indeterminado.*
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