Los sospechosos siguen siendo tres: un militar de rango, un profesional y un amigo de la víctima

Crimen de la Aguada: el estudio de ADN dio positivo, pero esta vez la ciencia no aportó nada

En la noche del pasado 22 de diciembre Paula Andrea Iglesias, de 35 años, mantuvo una conversación telefónica con una de sus hijas, de 11 años, quien se encontraba con su abuelo en la ciudad de Durazno.

Ambas charlaron largo rato y la mujer le adelantó los preparativos que estaba haciendo para la Nochebuena. Ambas convinieron que al otro día, bien temprano, volverían a comunicarse.

La niña llamó a las siete de la mañana, pero del otro lado su madre no contestó. Insistió varias veces y también discó el número del celular de su madre, pero todos los intentos fueron vanos.

«Vamos rápido para Montevideo, algo raro le pasó a mamá», le dijo la niña a su abuelo, padre de la señora, quien no dudó un segundo y ambos retornaron a la capital en el primer ómnibus.

Cuando llegaron, la pequeña apuró el paso y subió las escaleras hasta el apartamento de su madre, en el primer piso del complejo habitacional ubicado en Lima 1232, esquina Acuña de Figueroa.

Los gritos desgarradores de la niña hicieron presagiar la peor. En contados minutos vecinos y el abuelo de la niña trataron de calmarla y alejarla del lugar.

En su cama yacía el cuerpo sin vida de la señora. Tenía un pañuelo de seda anudado al cuello, causa de su deceso por asfixia mecánica según comprobaría luego el médico forense. En el dormitorio la Policía encontró varios preservativos, dos de ellos usados. Las pruebas fueron enviadas a los laboratorios de Policía Técnica, junto a muestras de sangre y saliva que los investigadores, orden judicial de por medio, le habían extraído a los tres principales sospechosos: un militar de alto rango, un profesional y un hombre que había mantenido una larga relación sentimental con la víctima.

Precisamente este último, al ser interrogado en la División Homicidios, admitió haber tenido relaciones sexuales con la mujer la noche anterior.

Ahora bien, en la víspera se conoció el resultado de los tres exámenes de ADN. Uno de ellos dio positivo, justamente el del hombre que había relatado que tuvo un encuentro consentido. Los otros dos arrojaron resultados negativos y al decir de uno de los investigadores consultados «todos siguen siendo sospechosos».

El oficial comentó con un dejo de preocupación «esta vez la ciencia no vino en nuestro auxilio, porque los estudios de laboratorios realizados no nos indica nada y sólo confirma la versión de uno de los sospechosos, lo que no quiere decir que sea inocente, como tampoco los otros dos. Estamos en una verdadera encrucijada». *

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