"Cuando tiramos los cuerpos en la fosa, tenía miedo de que me matara a mí"

Uno de los mafiosos cuenta cómo el asesino a sueldo ejecutó a los dos policías brasileños

Según el reporte, dos de los imputados, Rafael y Fabián Bengoechea, son mencionados por Pereira como parte del esquema montado por Joaquín Curi, el dueño del Free Shop para asesinarlos.

«Hace cinco años que vengo trabajando con Curi en el contrabando. Esto comenzó en la chacra del padre de Curi y después en otros locales. Siempre en contrabando de whisky. Cuando la chacra de Paiva servía de depósito los camiones con carga llegaban directo allá. Allí rompíamos los lacres y trasladábamos las cajas de bebidas a un camión brasileño. Las cajas en los camiones iban disimuladas como productos lácteos. También llevábamos máquinas tragamonedas. Cuando la mercadería llegaba tarde al depósito fiscal, muchas veces, no daba el tiempo, entonces se hablaba con algún aduanero que estaba allí e igual se retiraba la mercadería, dando una propina.

Cuando nos mudamos para la calle Sarandí y Ceballos, se hacía la misma operación, la mercadería salía del depósito fiscal rumbo al free shop y luego se retiraba de allí y se llevaba a un depósito en Livramento. Después compramos el local que está en la calle Uruguay, frente al club Telégrafo que pasó a ser el depósito central. A partir de allí se contrata a los policías Ronaldo y Leonel, además de otros policías para cuidar la mercadería en su tránsito a supermercados de San Pablo y Río. Cuando la Policía Federal capturó dos camiones, Ronaldo y Leonel cayeron presos.

Curi pensó que los dos policías corruptos lo habían traicionado, por lo cual decidió llamar a Guimarães, el asesino a sueldo, para apagarlos.

Curi nos dio un mensaje letal. ‘El que trabaja para mí no puede abrir la boca, porque Guimarães no iba a tener problemas en matar a nuestras madres, hijos y todo lo que se pusiera en su camino. Los hermanos Bengoechea fueron elegidos para que hospedaran al asesino en el hotel Casablanca. Rafael Bengoechea le compró un auto al «matador» para que no anduviera a pie y le mostró algunos lugares de Rivera donde podían enterrar los cuerpos de los policías.

Cuando Ronaldo se comunicó conmigo yo le dije que tenía que ir al galpón de la calle Uruguay. Desactivé la alarma y entré. Ambos policías preguntaron varias veces por Curi y como no llegaba se pusieron nerviosos y yo pedí que se fueran, porque estaba aterrado. Pero, en eso entró Guimarães que se presentó como el encargado de las operaciones de contrabando. El asesino tiró sobre la mesa un poco de dinero, yo caminé hacia el exterior y escuché tres disparos. Entonces entré y encontré los dos cuerpos en el piso. El matador ordenó a los Bengoechea limpiar una, dos y mil veces el galpón. Después, con mi ayuda cargó los cuerpos en su Verona y los llevó a la fosa ya preparada. Tiramos los cuerpos, los cubrimos con cal y luego tiramos el auto prendido fuego a una barranca. Aún tengo miedo, pensé que me iba a matar, él siempre estaba con su pistola al cinto». *

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