Tenía montada empresa exportadora en Treinta y Tres y vivía en Piedras Blancas

Empresario uruguayo amasó su fortuna con secuestros en Argentina y Paraguay

Un año antes, el capo de tutti capi, el porteño José Lormhan, desapareció con una fortuna obtenida por los múltiples secuestros consumados por su banda. La vacante fue cubierta por su mano derecha, Cristian Ramón Carro Córdoba. El nuevo jefe adquirió una flota de remises, como pantalla para encubrir sus actividades mafiosas. Contrató para conducir uno de los vehículos al bisoño uruguayo, a quien adiestró «en las artes del secuestro».

Córdoba dio un paso genial y le encomendó al uruguayo una misión adicional. De allí en adelante el compatriota viajaba permanentemente a su natal Treinta y Tres, desde donde enviaba por vía fax o mail los pedidos de rescate a familiares de los rehenes, por lo cual rastrear las comunicaciones era casi imposible para la Policía argentina. Se lo veía siempre a bordo de un BMW 320i junto a Córdoba.

El caso más resonante en el que se lo involucró fue el secuestro del correntino Cristian Schaerer, el hijo de un poderoso industrial. Las negociaciones para liberar a Cristian se iniciaron con un pedido de cinco millones de dólares que luego se redujo a 300 mil que la familia pagó al recibir por correo la oreja izquierda del joven de 21 años que nunca apareció.

Meses más tarde Córdoba y el uruguayo, convertido ya en su principal lugarteniente, recalaron en Paraguay, donde secuestraron a Sebastián Yannos, por cuya liberación se hicieron de 190 mil dólares. Al paraguayo le perdonaron la vida.

Las fuerzas policiales argentinas y paraguayas comenzaron a trabajar en forma conjunta, lo que permitió desmontar la poderosa y temible organización. Fue así que fueron detenidos 19 individuos, entre ellos el jefe, en la vecina orilla y dos en tierra guaraní. En el esquema estaba totalmente integrado el uruguayo que pasó mucho tiempo desapercibido, munido de una cédula de identidad a nombre de Gustavo Galarza, con la foto de su maestro Córdoba, que ya no le podía prestar más apoyo logístico. En Treinta y Tres todos miraban con respeto a ese elegante muchachón de 30 años hoy, quien montó una empresa dedicada a la exportación de palmeras, sobre todo al mercado chino. El hombre continuaba con su vida normal y residía con su familia en un confortable inmueble de Piedras Blancas. El cruzamiento de información permitió sospechar de que ese buen empresario no era ni más ni menos que el último hampón de la extinguida banda de secuestradores. Con la colaboración de Interpol de Argentina y Uruguay, funcionarios del Departamento de Delitos Complejos allanaron ayer de mañana la finca reseñada y procedieron a la detención del maleante que fue llevado a la Cárcel Central, en «calidad de depósito» por orden del juez de 4º Turno, hasta que sean presentados los exhortos de extradición de Argentina y Paraguay. *

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