Dramático aumento de la delincuencia en Chile

Con estupor e impotencia observamos cómo día a día aumenta la delincuencia en nuestro país, sin que, aparentemente, los ciudadanos honestos como usted o como yo podamos ponerle atajo.

Si usted lee los periódicos, ve un noticiario de televisión, navega por Internet en busca de noticias o simplemente las escucha en la radio, podrá constatar que este asunto de la delincuencia nos ha superado.

Este fenómeno es de tal magnitud que usted ya no sólo está expuesto a ser víctima de ésta de manera tradicional, es decir a través del mentado carterazo, el cogoteo, el lanzazo, el cuento del tío y otros, sino que además se expone hoy a una serie de nuevos delitos atroces de los cuales usted puede ser víctima.

Sin temor a exagerar podemos afirmar que los delincuentes han infiltrado todos los estamentos de nuestra sociedad.

Por ejemplo: usted enciende el televisor y resulta que hay un tipo cantando (o intentando hacerlo) y finalmente resulta ser un traficante de drogas; si usted visita el Parlamento o la Casa de Gobierno se encuentra con un montón de timadores y embusteros profesionales y otro montón de gente investigada por evasión de impuestos, corrupción, pedofilia, tráfico de influencia, armas, drogas y otros. Si usted va a cancelar su cuenta de teléfonos, luz o agua, se topa con unos tipos y tipas en actitud sospechosa sentados tras sendos escritorios quienes, por orden superior, le niegan todo reclamo por algún cobro abusivo del que ha sido víctima; para qué decir cuando uno entra a un banco y observa la cara de vampiro con que lo mira el ejecutivo de cuentas o se acerca a su AFP a reclamar por la misteriosa disminución de sus fondos previsionales o a su Isapre a comprar un bono de prestación médica que generalmente resulta que su plan no cubre.

Es decir, vaya donde usted vaya se expone a ser robado, vejado, ultrajado o sea víctima de la delincuencia y lo peor es que no tiene donde reclamar… la policía y los juzgados no tienen competencia frente a estos delitos. Este fenómeno, que tal como la delincuencia tradicional no es del todo nuevo, ha adquirido una dimensión insospechada y ha sido bautizada por expertos en la materia como «la neodelincuencia». *

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