Tras los pasos de los nazis en Chile

Un reportaje televisivo sacó sus rostros del clóset. Son los grupos neonazis de la V Región, vinculados a asesinatos y palizas a mendigos, travestis y otras minorías. Francisco Eguiguren, líder de los Camisas Pardas, declaró ante la Fiscalía de Viña y se largó a Perú, justo antes de que se pidiera su detención. El mall Marina Arauco de Viña del Mar recibió abundantes visitas de punkies, anarcos y skinheads antifascistas. No había ninguna liquidación de cinturones con puntas metálicas ni tinturas para el pelo. Los visitantes querían identificar a Francisco Javier Eguiguren Muñoz (34), líder del grupo Camisas Pardas, cuyo movimiento neonazi fue infiltrado por los periodistas de «Informe especial» y expuesto en algunas acciones directas o «barridas»; es decir, ejerciendo violencia contra uno de su targets preferidos, esta vez un grupo de travestis. Pero Francisco Javier no estaba en la Feria Chilena del Libro del segundo piso del Marina Arauco, donde ejercía de ejemplar vendedor. Había sido despedido después de la emisión del programa. Y nadie lo había visto hasta que declaró por diez horas ante el fiscal viñamarino Rolando Melo, entregando información sobre las actividades de su grupo y, según fuentes judiciales, también de muchos otros vinculados al neonazismo. Y menos se lo verá ahora. Horas después de declarar, tomó un avión a Lima, poniendo pies en polvorosa. Curiosamente, el Tribunal de Garantías había solicitado al Ministerio Público que ordenara su detención precisamente para evitar que se fugara del país. Pero el pájaro voló. La primera vez que nos reunimos con el líder de los Camisas Pardas fue pocos días antes de que el reportaje de TVN los «funara». En ese momento, Francisco Javier estaba disgustado. Tenía frustración y rabia contra quienes habían echado por tierra los planes de debut social del movimiento. Se había vinculado «a Camisas Pardas con hechos de sangre que no hemos cometido nosotros ni nuestros camaradas». Pero el neonazi no descartaba que hubiera otros grupos con sed de venganza, alcanzando las amenazas a Mauro Lombardi, periodista de TVN, profusamente citado en rayados callejeros que desde Villa Alemana hasta Valparaíso proclamaban que «TVN miente». Lo que en ese momento estaba claro para los nazis criollos es que su batalla continúa librándose y sus enemigos siguen siendo los de siempre: punkies y anarquistas (las tribus que les dan pelea en la calle), homosexuales, travestis, inmigrantes ilegales, traficantes, consumidores de drogas, ebrios y vagabundos.

 

El camino del líder

A fines de los ’80, Eguiguren figuraba como un adolescente nacionalista en busca de un «destino superior». Fue cuando en un entorno personal de amigos admiradores del escritor Miguel Serrano, militaristas y antiguos neonazis, pensó en dar forma a Camisas Pardas, una plataforma política que pudiese capitalizar representación popular. Su agrupación -que hoy tiene alrededor de 30 militantes y varios simpatizantes- no ha descartado usar la violencia para erradicar a quienes consideran «parásitos sociales». En los ’90 había varios grupúsculos nazistas repartidos en el país. Según Eguiguren, «Sergio», un antiguo nazi conectado con ex soldados del Reich avecindados en el sur de Chile, fue su mentor. Formador de grupos nacionalsocialistas de corte esotérico, y cercano a Miguel Serrano, este dirigente fue integrando grupos nazis con distintos matices: algunos más místicos, otros de acción y choque (como los skinheads), y otros políticos. Tras convencerse de la «solidez ideológica y la cantidad de gente que congrega el nacionalsocialismo», empezó a captar jóvenes con su misma visión. «En noviembre de 2001 comenzamos la formación de una base de militantes que pueda hacer realidad nuestro ideario, a través de Camisas Pardas. Somos soldados políticos», declaraba entonces. (Extraído del diario La Nación). *

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