"Policías que cuidan autos para comer y otros que se suicidan por trabajo insalubre"

El instituto policial, en un profundo estado depresivo y hartazgo colectivo

El pormenorizado informe señala que «de los datos recabados entre el personal ha resultado la siguiente percepción y argumentación: el trabajo del policía es insalubre. En ocasiones lidian con enfermos afectados de sida sin la más mínima protección sanitaria, ya que no cuentan con ella. El riesgo aumenta por la falta de información o capacitación adecuada para afrontar estas situaciones.

«El vergonzoso sueldo que perciben los policías lo tienen que complementar con horas contratadas bajo lo previsto por el artículo 222 de la Ley 13.318. Esta carga horaria los mantiene lejos de sus hogares, impidiéndoles ver crecer a sus hijos y sin que puedan compartir con ellos, cosas tan simples pero tan emotivas como un cumpleaños o una reunión en la escuela, retirar el carné de calificaciones o tener una breve charla con los maestros».

Probies abunda al comentar que «el horario extendido de servicio determina que en varias ocasiones el personal permanezca más de 24 horas sin dormir y mal alimentado. Sumado a esto, la presión psicológica que acarrea saber que su familia puede estar al acecho o acosada por algún delincuente de la zona en que vive».

«La labor del policía hace que se convierta en médico, enfermero, partero, psicólogo o jefe operativo y sin olvidar su deber como policía de salvaguardar la vida, la libertad y propiedad de todos los ciudadanos, sin importar que estén en horas francas o en camino al hogar para poder ver a sus hijos mientras duermen».

Los ministros, ausentes

La organización social hace una dura crítica al afirmar que «de los ministros que han desfilado por la secretaría del Interior en los últimos veinte años, lo único que sabían de los policías era que vestían uniformes azules. Nunca se preocuparon por saber cuáles eran sus necesidades y muchas veces ni como funcionarios, por sus armas, uniformes, equipos de comunicación, y mucho menos lo que necesitaban como seres humanos (salud, vivienda, recreación)».

«Muchos policías eligieron la carrera por vocación, o la adquirieron a poco de iniciar sus servicios. Algunos han pasado 30 años de sus vidas en esa noble profesión y hoy, jubilados, deben cuidar coches en las calles para poder comer».

El crudo informe que desnuda al instituto agrega: «Sin olvidar aquellos policías que se han quitado la vida por no poder afrontar la vergüenza de encarar ese destino, viendo a la cara a sus colegas en actividad. Otros, no sólo atentan contra sí mismos, sino que lo hacen también contra sus seres queridos, víctimas de la presión para poder darles lo que se merecen».

En otra parte del extenso y removedor informe se dice que «a pesar del disconformismo general imperante, la actitud crítica, producto de reiteradas frustraciones en el tiempo, desesperanza, desconfianza, inestabilidad, temor a la agresión (sanciones, sumarios, despidos), determina que, mayoritariamente se esté «cerrado» a propuestas de cambio. En el marco de un cuadro depresivo institucional colectivo, el aislamiento, no arriesgar ideas, opera como un mecanismo defensivo de sobrevivencia en el sistema. En lo que hace a los aspectos psicosocial y económico del personal y su familia, existe un hartazgo por la situación en que se ven sumergidos». *

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