"Maté al Kevin; me voy, te dejo a los otros gurises", le dijo a la madre

Kevin Luciano Pensalfini Bercunchelli, tenía dos años de edad. Era un bebé robusto y alegre. En la noche del miércoles, su padrastro de 24 años se acercó al pequeño con una cizalla en su mano.

La especie de guillotina para cortar cartones fue el arma utilizada por el cruel individuo que le descargó varios golpes en la cabeza y en el resto del cuerpo. El sujeto salió de la misérrima vivienda de Instrucciones y se encontró con su compañera, de 20 años, que en ese momento llegaba. «Maté al Kevin, me voy, te dejo a los otros gurises».

Aterrada, la joven señora corrió en busca de su pequeño y lo llevó corriendo a la cercana policlínica de Capitán Tula, donde sólo pudieron certificar su fallecimiento.

El matador fue detenido por funcionarios de Orden Público y puesto a las órdenes del juez de turno. Ayer de mañana la Policía tuvo que poner un vallado en los juzgados penales de la calle Bartolomé Mitre, porque mucha gente se lo quería comer. *

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