
El hombre es un deportista por naturaleza. Todas las tardes toma sus palos de golf y con ellos al hombro arranca rumbo al Cerro. Una vez allà se junta con amigos, que al igual que él disfrutan de las calurosas tardes embocando la pelotita en el hoyo.
En el dÃa de ayer, el veterano golfista quedó solo, sus compañeros no asistieron a las casi obligatorias jornadas deportivas. Sin importarle demasiado, el hombre tomó sus palos y caminó rumbo al césped.
Los primeros 10 hoyos no fueron problema, pero cuando estaba por el hoyo número 11, el golfista pensó en abandonar y regresar a su hogar. Pero su Ãmpetu pudo más. Decidió continuar a pesar de su cansancio y aburrimiento por no poder compartir su deporte favorito con sus inseparables amigos.
Al llegar al hoyo 16 y a sólo 2 del final, el hombre tomó su palo favorito y golpeó la pelotita que volando por los aires fue a parar a escasos metros de la banderita roja que le indicaba que con un certero golpe podrÃa pasar al hoyo 17.
Una vez dentro del beardie, el hombre tomó el palo adecuado y se preparó a golpear. Cuando levantó el hierro número 7 sintió un frÃo metal que le tocaba el cuello. Al darse vuelta se topó con tres jóvenes que apuntándolo con el revólver le exigieron todo el dinero que llevaba consigo.
El amedrentado golfista se sintió más solo que nunca, y les entregó los únicos 500 pesos que llevaba consigo.
Por el medio del hermoso césped, el trÃo de delincuentes se dio a la fuga, no sin antes tomar del suelo la pelotita que tanto le habÃa costado al golfista acercar al hoyo en el cual la debÃa embocar.
Algunas personas que acostumbran jugar en el Club de Golf del Cerro, dijeron a LA REPUBLICA que no es común que deambulen delincuentes por la zona, que el caso tiene que haber sido algo aislado. *
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