Expertos en robo de joyas volvieron a sacudir la ciudad de Punta del Este

Otro impresionante robo de joyas se produjo en la tarde del jueves en el corazón de Punta del Este, cuando ni siquiera las calles estaban repletas de turistas como en enero, ni había un show de fuegos artificiales como ocurrió durante otro robo similar perpetrado hace diez días en La Barra. Dos hombres jóvenes impecablemente vestidos y portando sendas armas cortas de fuego, irrumpieron a media tarde en la joyería Art Loudeau sita en la calle 28, entre la 20 y Gorlero, y actuando con una frialdad sorprendente, se alzaron con unos 20 mil dólares en efectivo y al menos otros 70 mil en valiosas piezas de joyería.

Los hombres, que actuaron a cara descubierta, con rápidos movimientos controlaron la situación para en cuestión de minutos alzarse con el millonario botín con el que escaparon presuntamente hacia la rambla puntaesteña. Bajo amenazas y con una de las armas apuntándole a la cabeza, maniataron al propietario del comercio y lo tiraron al suelo fuera de la vista de los ocasionales transeúntes que no se percataron de lo que ocurría dentro.

En tanto uno de los delincuentes procedió a embolsar todo lo que tuvo a su alcance. Los dos hombres fueron vistos por algunos testigos y el propio damnificado, por lo que la Policía elaboró un identikit, al tiempo de proceder al cierre departamental de rutas donde hasta las últimas horas de ayer se constataban piquetes de hombres fuertemente armados, además de intensas batidas en distintos puntos del departamento que no arrojaron resultados positivos.

Sorprendió a las autoridades policiales, el modo en que actuaron a la hora que lo hicieron y a tan pocos metros de la avenida Gorlero, por lo que no descartan que sean expertos que durante algunos días, habían revisado minuciosamente los movimientos de la zona y del comercio atracado.

Cabe recordar que hace unos diez días, se produjo otro millonario robo de joyas en una finca de La Barra.

En esa ocasión los delincuentes también actuaron con mucha precisión, aprovechando el escándalo que provocaba en toda esa zona un espectáculo de fuegos artificiales.

Por los estruendos, sonaban alarmas de coches, ladraban los perros, la gente lanzaba vítores al colorido espectáculo, mientras ellos destrozaban a marronazos un cofre incrustado en una pared del dormitorio de la dueña de casa. *

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