"Gastronómicos encapuchados" en Montevideo

Inédita protesta solicitando la libertad de un detenido en el Comcar

La inusual demostración que muchos transeúntes asombrados acompañaron tras informarse las causas de la misma, reclamaba por la inmediata liberación de un hermano de los liberados, quien incluido en la misma causa, aún permanece encarcelado, aunque el dictamen de una pericia siquiátrica determinó que está afectado de » un trastorno siquiátrico grave» que lo haría incapaz de cualquier acción delictiva como de la que se lo acusa o similar. Otra de las pancartas de los manifestantes  que no hace mucho habían anunciado su decisión de encadenarse ante la Suprema Corte de Justicia si no se lograba la liberación que siguen reclamando  decía: «Sea rapiñero. Curso rápido de 57 horas (no se necesita experiencia)» y con ella hacían los manifestantes a la cantidad de horas que según denunciaron ocupó el juez actuante en procesarlos, excediendo según sus dichos las 48 horas que la ley establece para ello y que de no cumplirse en tales plazos deben ser dejados libres los presuntos responsables investigados.

Quién, cómo, dónde, cuándo y por qué

El comienzo de esta historia  tal como lo informara LA REPUBLICA en su momento  fue a principios del presente año cuando comenzaron a sucederse una serie de rapiñas en algunos muy exclusivos restaurantes de la zona de Pocitos y Punta Carretas, y en algunas estaciones de servicio aledañas, llevadas a cabo de acuerdo a las primeras informaciones generadas en fuentes policiales por una banda, a la que desde el inicio comenzó a llamársele «la gastronómica» por obvias razones, integrada por tres o cuatro desconocidos que irrumpían fuertemente armados a los locales y reducían a empleados y clientes presentes en el lugar alzándose poco después con la misma celeridad con que habían llegado, con valores y sumas de dinero importantes. Incluso fueron sus víctimas en alguna de las oportunidades, conocidas figuras del medio político que tuvieron que resignar sus billeteras sin que para nada valiese su cargo o nombradía.

Por supuesto que esta serie de hechos provocó la inquietud de los comerciantes de la zona, que inmediatamente hicieron saber a las autoridades la necesidad de terminar de una vez por todas con las andanzas de esta banda, que estaba afectando notablemente el movimiento comercial de una zona que hasta ese momento gozaba de justa y larga fama de tratarse de un espacio ciudadano seguro, donde se podía sin problema alguno concurrir a los establecimientos gastronómicos y de espectáculos que abundan por los alrededores sin temer ser sorprendidos por hechos como los que justamente estaban sucediendo entonces.

Fue entonces que una información confidencial aportada por un efectivo perteneciente a la Jefatura de Policía, orientó las pesquisas a dos ex policías y al hermano de uno de ellos, Juan Ferreira, su hermano Néstor y el también ex agente Juan González quienes serían los integrantes de la llamada «Banda Gastronómica». Fueron rápidamente detenidos, llevados ante el juez Homero Da Costa, procesados y remitidos a prisión.

Transcurrieron ocho largos meses  y más largos aún cuando se deben pasar tras las rejas y sabiéndose inocente  y gracias a una apelación de la abogada Patricia Pérez Jones los dos ex policías fueron puestos en libertad recibiendo como todo consuelo un «Disculpen… nos equivocamos».

Sin embargo, en una celda del Comcar quedó uno de los detenidos, Néstor Ferreira, hermano de uno de los ex agentes liberados a quien, a pesar de reconocérsele también la inocencia de los hechos en Pocitos y Punta Carretas, lo hallaron culpable de una rapiña en una estación de servicio.

Juan Ferreira y Juan González manifestaron solicitando la inmediata liberación de Néstor Ferreira quien  dicen  de acuerdo al dictamen siquiátrico referido anteriormente, estaría impedido de participar en ningún acto de ese tipo y menos de una rapiña ya que su incapacidad y trastorno le impediría pararse frente a alguien con un arma en la mano sin ponerse a temblar al punto de perder el control de la situación, ya sea desmayándose o huyendo del lugar sin decir palabra. *

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