Quienes matan y mueren son jóvenes, dice removedor informe de la Unesco

El once por ciento de los homicidios del mundo se consuma en Brasil

La oficina en Brasil de la Unesco presentó hoy en Brasilia los resultados del cuarto «Mapa de la Violencia. Juventud, Violencia y Ciudadanía», que realiza cada dos años, desde 1998, coordinado por el sociólogo argentino Julio Jacobo Waiselfisz.

Según los datos del estudio, cada año mueren en Brasil 50.000 jóvenes de entre 15 y 24 años, dos tercios de ellos víctimas de armas de fuego.

«Entre 1993 y 2002, la tasa de homicidios de Brasil creció en forma espectacular, un 62,3 por ciento, a un ritmo anual del 5,5 por ciento al año, y el 90 por ciento de ese crecimiento tuvo como víctimas a jóvenes», dijo Waiselfisz.

En el mismo período, la tasa de muertes de jóvenes pasó de 128 a 137 cada 100.000, y 72 por ciento de esas muertes fueron por «causas externas», es decir violencia o accidentes de tránsito.

Waiselfisz subrayó que se trata de una violencia «que tiene cara y que tiene color», dado que los datos muestran que siete de cada diez jóvenes asesinados son negros, pobres, tienen una escolaridad baja y rondan los 20 años de edad.

El sociólogo también rechazó que la violencia sea exclusivamente consecuencia del delito. «El 60 por ciento de las víctimas de violencia con armas de fuego conocía a su agresor, porque era un amigo, un conocido o un familiar», dijo.

Pese a que no existen datos socioeconómicos sobre los homicidios, Waiselfisz subrayó que hay una relación entre el Indice de Desarrollo Humano (IDH) y la violencia. «Con bajo IDH aumentan los homicidios, con un alto índice, caen», dijo.

«Todo esto nos demuestra que cualquier solución para el problema de la violencia y la seguridad pública, pasa necesariamente por la definición de políticas públicas para la juventud», concluyó el investigador de la Unesco.

«Una realidad dramática»

El director de Unesco en Brasil, Jorge Werthein, afirmó por su parte que «esta es una realidad dramática que no puede ser aceptada y que debe cambiar», y subrayó el inmenso costo que tiene para el país la pérdida temprana de jóvenes.

«Cada año, el Estado brasileño invierte unos 1.000 reales (poco más de 300 dólares al cambio actual) en cada ciudadano, ya sea en salud, en educación o en otros gastos sociales. Todo eso se pierde cada vez que un joven es asesinado», dijo Werthein.

Para el director de Unesco, la única forma de enfrentar el fenómeno de la violencia juvenil es «aumentar la permanencia de la juventud en las escuelas. Si hubiera más jóvenes en la Escuela Media, no existirían estas tasas de homicidio, afirmó.

Werthein considera que en Brasil, y en América Latina, «los recursos para el gasto social suelen ser numerosos, pero no se gastan bien. Hay que focalizarlos en los jóvenes y, en especial, en la educación de esos jóvenes».

La Unesco presentará al gobierno de Lula da Silva un estudio que preparó especialmente sobre el fenómeno de la violencia y la juventud, en el que el eje es la necesidad de invertir en la prevención, y no en la represión.

«El costo de la violencia para el Brasil es diez al 10 por ciento de su producto interno bruto (PIB), y cada año el país dedica también el diez por ciento de su riqueza a la seguridad privada», dijo por su parte el subsecretario de Derechos Humanos del gobierno, Mario Mameti.

El funcionario recordó que el negocio de la seguridad privada emplea hoy en Brasil a por lo menos tres millones de personas, y es el único sector de la economía brasileña que crece a una tasa del 30 por ciento al año.

Para Werthein, este es un camino errado para enfrentar la violencia, porque no es efectivo y porque es significativamente más costoso que invertir en la educación para los jóvenes.

«La respuesta a este fenómeno no puede ser la represión. Porque la prevención es una inversión, y la represión un gasto, que nunca se recupera», dijo Werthein. *

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