Le "plantaron" un arma de fuego para incriminarlo en uncruento delito

Una mujer clama por la libertad de su hijo y acusa a la Policía

La madre de Vittora contó entre sollozos a LA REPUBLICA que su hijo pasa sus días en el Comcar desde febrero último y en forma «injusta», mientras que Diego Ledesma, amigo de aquél, se recuperó milagrosamente de un balazo en la nuca.

Todo el problema, muy cercano a un drama de Shakespeare, pero lamentablemente real, surgió por «el error en un procedimiento» de un policía que hace el servicio 222 del complejo Euskal Erría 92.

El 2 de febrero pasado el oficial en cuestión persiguió al hijo de Yolanda y a su amigo -menor de edad- por considerar por sí y ante sí que estaban intentando cometer un delito.

«Mientras que la verdad es que estaban tomando vino con un amigo en la verdulería de un conocido frente a la UTU de Malvín Norte y ese milico los provocó, ellos le tomaron el pelo y salieron corriendo», cuenta la madre.

Peralta señaló que en la persecución que comenzó por Camino Carrasco y que concluyó cuando el uniformado extrajo su arma en los estacionamientos de los complejos donde realiza su 222, sin dar la voz de alto disparó dos veces y con una puntería asesina, la que hizo que una de esas balas impactara en la nuca de Diego Ledesma.

Ocurrida la desgracia, Vittora lo socorrió parando al primer patrullero que pasó; ingresó al herido y se percató de que el policía que les disparó también subió al auto. El chico fue trasladado al Hospital Pasteur donde quedó custodiado por dos policías e incomunicado, como si resultara peligroso mientras peleaba contra la muerte.

Washington Vittora, por su parte, junto al otro amigo que había salido en bicicleta en otra dirección, fueron llevados a la comisaría 13ª. Fue así que el hijo de Yolanda Peralta es procesado con prisión pero aún no tiene condena (como tantos) y de esa forma fue a dar al Comcar.

Yolanda afirma que su hijo no es un delincuente. «No tiene antecedentes y no está sicológicamente estable ya que en la cárcel está pasando un calvario, porque los presos se insultan y se pelean», dijo.

La versión policial se contradice con la que cuenta la madre de Vittora. Indica que estos tres jóvenes se percataron de la presencia del uniformado mientras perpetraban un robo, cuando el menor abrió fuego contra el policía y comienzan su huida al tiempo que tiraban el arma bajo un auto estacionado.

La indignada madre cuenta que «el arma fue plantada por el milico, por lo cual le hicieron ‘el arma sucia'».

De esa forma se denomina en la jerga policial cuando el policía lleva otra arma además de la reglamentaria para cuando comete una equivocación y quiere inculpar a otra persona. La entrevistada sostiene que como el otro chico era menor y su hijo mayor, cuando el uniformado se dio cuenta del error inculpó a Vittora. «Si fuera culpable ¿cómo va a ir a buscar a un patrullero?», agregó con cierta lógica.

Además, los vecinos de la zona argumentan en una proclama que hicieron junto a Yolanda Peralta, que sólo escucharon dos disparos mientras que el 222 declaró que fue un tiroteo de al menos diez detonaciones. La señora Peralta consultada sobre por qué su hijo continúa preso, señaló que «el abogado solicitó dos veces la excarcelación, pero no se la han dado porque demoran todo y como fueron ellos los que se equivocaron dejan todo como está. Para llevárselo no demoraron un segundo. Hemos presentado la tarjeta de buena conducta de su trabajo en Riogas de Camino Carrasco, no tiene antecedentes y ellos no tienen pruebas de lo que afirman».

También dijo conocer al policía que protagonizó la sangrienta persecución, «pero nunca me acerqué para nada porque no sé qué haría. Seremos un familia humilde pero siempre nos arreglamos con trabajo, yo hago limpiezas, uno de mis otros dos hijos juega en Racing y otro en Basáñez, donde también trabaja el padre del joven como asistente del entrenador. Tenemos problemas pero no salimos a robar».

En definitiva, mientras usted lee esto, hay un joven que continúa sin ver el sol debido a los vericuetos burocráticos de nuestra Justicia. Asustaría saber la cantidad de presos sin condena que hay en este país, pero ese es otro tema.*

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