Al secuestrador brasileño lo mató la Policía por asfixia

El jefe de la Policía Militar de Rio de Janeiro, Sergio da Cruz, fue destituido de su cargo un día después del fatal desenlace de un secuestro de autobús, que fue transmitido en vivo por televisión. La decisión fue adoptada por el gobernador de Rio, Anthony Garotinho, tras recibir confirmación de que el secuestrador Sandro do Nascimento murió asfixiado por la Policía cuando lo trasladaban al hospital.

«La actuación de la Policía fue mediocre», dijo Garotinho, sobre la acción que habría causado también la muerte de una rehén de 20 años, cuando un agente se abalanzó sobre el secuestrador para dispararle en momentos que éste sujetaba a la joven. Los policías militares acusados de dar muerte al asaltante fueron arrestados, dijo el gobernador.

La televisión brasileña repitió el martes sin cesar los instantes finales del secuestro de un autobús, mientras el país asimilaba el horror del desenlace fatal, que dejó un saldo de dos muertos.

El asalto de cuatro horas en la tarde del lunes, transmitido en vivo por la televisión nacional, estremeció a un país que parecía acostumbrado a la violencia y el crimen, cuando la población vio el momento en que el asaltante y su rehén caían producto de las balas.

Desde paraderos de buses hasta oficinas bancarias, los brasileños repudiaron la ola de violencia, mientras los programas de televisión entrevistaban expertos en tomas de rehenes que censuraron la acción policial. La Policía atacó a tiros al asaltante armado, después de que torturó a seis pasajeros y amenazó con matarlos por más de cuatro horas en el autobús de Rio de Janeiro. Pero uno de los rehenes murió en el tiroteo.

Expertos indicaron que la rehén, de 20 años, habría muerto por disparos de la Policía, aunque todavía no se conocen los resultados de la autopsia. Rio sufre una de las mayores tasas de homicidio de América Latina, con 69 muertes por cada 100 mil habitantes al año, más del doble de Nueva York en 1990, cuando el crimen llegó a su nivel más alto.

Durante el secuestro, el delincuente disparó al piso del vehículo y aseguró que había matado a una rehén, mientras tiraba del cabello de las otras mujeres, llevándolas de un lado a otro del autobús y amenazándolas con su revólver. Obligó a una de ellas a escribir en la ventana con lápiz labial que «él tiene un pacto con el diablo».

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