Denuncian que cuatro uniformados vieron un delito y no hicieron nada

Omisión de asistencia policial

Gerardo González de 34 años en un primer momento pensó en dejar todo «por esa». Pero al pensar en profundidad lo que había pasado se decidió a denunciar lo sucedido, no sólo públicamente, sino también policialmente. En la noche del domingo pasado concurrió a la Seccional 2ª de la Dirección de Seguridad y explicó una y otra vez lo que había acontecido momentos antes.

«Ni los policías me podían creer lo que les estaba diciendo», narró González a LA REPUBLICA. Pero para su fortuna y desfortuna de los policías inactivos, había varios testigos de que, efectivamente, los funcionarios habían incurrido en lo que podría denominarse «omisión de asistencia», trazando un paralelismo con la actividad médica.

«Quedamos con mi madre en que nos reuníamos en la calle San José entre Río Negro y Paraguay. Cuando llegamos con mi esposa al lugar a las 19 y 50, mi madre ya estaba con su auto estacionado. Nos pusimos delante de ella, sobre el 1077 de San José», recordó el entrevistado.

El encuentro estaba pautado para que los padres se reecontraran con su hija de ocho años y una amiga de ésta, las que habían ido a pasear con la madre de González y su esposo.

Segundo acto

El denunciante y su esposa bajaron del rodado y se pusieron a conversar con las pequeñas, y con quienes las habían llevado de paseo ese domingo. En eso estaban cuando Gerardo González –el único de ellos que estaba de frente a su auto– advirtió que uno de los dos jóvenes que pasaron caminando por al lado de ellos se metió por la ventanilla.

«Cuando lo vi ya tenía medio cuerpo adentro por la ventana del conductor. Salí corriendo y nadie podía enteder por qué. Estaba a pocos metros del ladrón, lo que me permitió detenerlo antes de que lograra robar algo».

González sostuvo que al atrapar al delincuente, éste soltó la mochila que había agarrado y tenía pronta para llevarse. Entonces se desató un breve forcejeo con intercambios de golpes de puño, pero repentinamente la víctima dejó escapar al ladrón.

Tercer acto

Es que en el transcurso de la lucha, su esposa y los demás presentes vieron que frente al auto en el que se estaba cometiendo el hurto estaba estacionada la camioneta matrícula MI 04718 perteneciente a la Seccional 18ª, con cuatro uniformados en su interior.

«Todos les gritamos que hicieran algo, pero los policías nos hicieron una seña con la mano como que lo dejáramos, que ellos no iban a hacer nada. Fue tal la impotencia que sentí que solté al ladrón y me puse a decirles de todo; pero aún así no reaccionaron en ningún momento», relató el desconcertado ciudadano.

Cabe recordar que en el lugar de los hechos había dos niñas pequeñas, dos mujeres y un hombre de más de 60 años, además de González.

Un comerciante que sintió los gritos de los ciudadanos y vio pasar corriendo a dos jóvenes frente a su negocio, se acercó hasta esta familia y les informó que uno de los desconocidos había arrojado un arma blanca en la esquina.

«Nos trasladamos a ese luegar y juntamos el cuchillo con una hoja de árbol y lo pusimos adentro de una bolsa de nailon y así lo entregamos en la Seccional 2ª. Ahí sí que nos trataron de una manera excelente. Los propios policías que me tomaron la denuncia no podían creer lo que sus colegas habían hecho, empañando la imagen de toda la Policía», destacó el entrevistado.

El arma incautada por González fue dejada en la comisaría en las mismas condiciones en las que fuera hallada, y posteriormente fue enviada a la Policía Técnica a los efectos de establecer si existen huellas digitales del frustrado ladrón. De haber, podrían ser cotejadas con los archivos existentes.

Desenlace

Según explicó, esa misma noche le tomaron cuatro declaraciones, al igual que a su esposa. Los funcionarios de la Seccional 2ª el pasado lunes llamaron a declarar a los testigos y dieron cuenta a la Justicia de lo ocurrido. En la pasada jornada, una abogada en representación del denunciante se presentó en la comisaría y ahí le fue notificado que los antecedentes habían sido enviados al juez penal de turno.

Finalmente esa noche de domingo, el hombre explicó que como si faltara algo para sentirse desprotegido, el chofer de la camioneta policial tras permanecer cinco minutos en el lugar (luego del intento de robo) reinició la marcha y antes de desaparecer de escena «me tiró un besito con la mano».

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