Las palabras no son inocentes
«Enloquecido de amor mató a su mujer cuando hacía las valijas para abandonarlo«, se lee en la tapa de la edición de LA REPUBLICA del 2 de marzo. Cabeza de la página 17 es el mismo titular reforzado con un colgado que aclara: «Drama pasional». En el desarrollo de la nota, nos enteramos que René Benítez Botta, de 30 años, mató a su concubina de un tiro en la cabeza con un rifle. El mismo con el que posteriormente intentó suicidarse él, aunque mal herido y, gracias a la oportuna intervención de vecinos de la pareja, fue trasladado rápidamente a un centro asistencial donde acabó por fallecer. Los hechos sucedieron en el centro de la ciudad de Paysandú.
La nota periodística aclara «muchas venían siendo las peleas por la separación», en la que la mujer insistía tanto como el hombre resistía.
A buen entendedor, esto significa que ella no quería vivir más con él, motivaciones personales aparte, y que él pretendía forzarla a continuar una relación no deseada. También que ese desencuentro había trascendido las fronteras del hogar común, por lo que la última de las discusiones no sorprendió a los vecinos sino hasta las detonaciones. Que fueron dos, pero una sola la persona que decidió en primer lugar por la vida ajena y apretó el gatillo.
Por lo visto, y como es lamentablemente frecuente, ningún vecino había osado intervenir antes, tal vez convencido de que no correspondía a terceros interferir en «problemas de pareja». Los mismos vecinos en cambio, no dudaron en acercarse cuando ya había hecho consumado: una mujer asesinada y un hombre mortalmente autoherido.
Una prueba más de que la violencia doméstica, sobre la que a esta altura hay una amplísima bibliografía, cuya existencia y gravedad prácticamente nadie se atreve a negar, respecto de la que se han vertido ríos de palabras y de tinta, igual no acaba de ser debidamente comprendida, lo que dificulta se prevención.
Más aún mientras los medios de comunicación, que hoy tienen una responsabilidad mayor que nunca en la formación de opinión pública, insistan en ocultar el delito tipificado en la Ley de Seguridad Ciudadana y cuyas modalidades están desarrolladas en la Ley 17.514 tras el telón del «drama pasional», inmediatista por definición y que aludiría a un descontrol momentáneo bajo el influjo de la «pasión». Un ser humano «enloquecido» de amor o de odio, para el caso da igual es el que padece de locura, y la locura es una de las causas de inimputabilidad, es decir una circunstancia personal que impide asignar al sujeto responsabilidad por los hechos.
En el caso que nos ocupa, parece claro que el matador tenía larga conciencia de que su compañera sentimental no deseaba continuar la relación con él, voluntad que acabó por matarla, autoatribuyéndose un poder que no concede por cierto el amor, por más apasionado que sea.
Lo que sucedió en Paysandú es pura y simplemente un delito de violencia doméstica en el grado mayor de la escala: el asesinato, y así es como debiera reflejarse en los medios. Porque las palabras no son inocentes. *
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