Volvió al Comcar después de cuatro años de haberse fugado
Próximo a las 15.00 horas del día de ayer arribó al Aeropuerto Internacional de Carrasco el vuelo de Pluna procedente de Argentina que transportaba a Fernando Adrián Duarte Alegre de 26 años, requerido por la Justicia de nuestro país. Para comprender el pedido de extradición hay que remontarse algún tiempo atrás.
Hace aproximadamente cuatro años, Duarte Alegre cometió un delito por el cual fue detenido por personal del cuerpo de Radio Patrulla. El juez de entonces lo envió a prisión, debiendo cumplir una condena por «rapiña» en el Comcar.
Poco tiempo después, misteriosamente, el rapiñero se fugó del complejo carcelario sin dejar rastros.
A pesar de haber sido buscado con intensidad, no hubo noticias del fugado hasta varios meses después, cuando fue apresado en la vecina orilla al intentar asaltar un banco junto a otros dos ciudadanos argentinos.
En esa oportunidad, el trío de asaltantes fue sorprendido por un sargento de la Policía Federal bonaerense, que no dudó en abrir fuego contra ellos.
El resultado fue devastador, uno de los ciudadanos argentinos quedó gravemente herido al recibir dos impactos de bala en el pecho, el otro argentino debió ser hospitalizado al ser baleado en el hombro, mientras que Duarte Alegre recibió siete disparos, uno de ellos en la espalda que lo dejó paralítico sin posibilidad de recuperación.
Luego de tres años y cuatro meses en una cárcel bonaerense regresó al Uruguay, donde debe cumplir una pena por los delitos de «rapiña» y «fuga».
Ni bien el detenido bajó del avión, fue trasladado al juzgado donde fue interrogado durante más de dos horas.
Poco se conoce de Duarte Alegre, pero la actitud que tomó en las puertas del juzgado, demuestra que se trata de una persona arrogante y descarada, ya que luego de insultar a la prensa y a los curiosos que se acercaron al lugar, tiró besos utilizando sus manos al mejor estilo «reina del carnaval». Algunas fuentes aseguran que Duarte Alegre le dijo a los policías que lo trasladaban: «enciérrenme, no me importa, cuando salga voy a seguir robando, no sé hacer otra cosa», algo bastante curioso para una persona que debe manejarse de por vida en una silla de ruedas. *
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