Los futbolistas argentinos en la mira de los secuestradores

Maradona: "En Argentina hay más muertes que cumpleaños"

«Quisiera volver porque quiero a mi país y porque tengo a todos los parientes, pero la única traba es la inseguridad», confesó Batistuta, el máximo artillero de la historia de la Selección albiceleste. «Acá, la situación está muy fea. No podés estar mandando a los niños a cualquier lado con gente que los controle», añadió Batistuta, de 34 años.

Similar declaración formuló el máximo ídolo del fútbol argentino, Diego Maradona, quien admitió desde Cuba que teme por la seguridad de sus hijas y su familia. Su país, opinó, está en vías de convertirse en otra Colombia: «En Argentina hay más muertes que cumpleaños», explicó con su lenguaje peculiar.

La industria del secuestro extorsivo parece haber elegido a los futbolistas y sus allegados como blancos predilectos. En los últimos dos años fueron víctimas de esa moda delictiva un hermano de Juan Román Riquelme, el mediocampista del FC Barcelona, el director técnico Daniel Córdoba, el ex futbolista Raúl Iglesias, el hermano del jugador Víctor Zapata y el padre de los futbolistas Gabriel y Diego Milito.

También estuvieron cautivos la hermana del presidente de Boca Juniors, Mauricio Macri, y el padre de Leonardo Astrada, ex capitán e ídolo de River Plate, quien el domingo 13 de julio  cuando su progenitor aún estaba secuestrado  anunció su retiro del fútbol ante un estadio conmovido por su drama.

 

El caso Laport

Figuras de otros ambientes también integraron las lista de víctimas, como una hija del ex campeón de golf Roberto de Vicenzo y el padre del popular actor de televisión Pablo Echarri.

En tanto, el actor uruguayo Osvaldo Laport logró escapar de un ataque y también fracasó el secuestro de un hijo del actor Osvaldo Sabatini  hermano de la ex campeona de tenis Gabriela Sabatini  y la actriz venezolana Catherine Fulop.

En junio último, el Congreso endureció las penas para hechos relacionados con secuestros extorsivos, uno de los delitos que mayor repercusión tiene en la sociedad ya sensibilizada por el deterioro de las condiciones de seguridad que, según expertos, tiene relación con la crisis económica que estalló en diciembre de 2001.

Pese al impacto de estos ataques, especialmente desde julio de 2002 cuando Diego Peralta, hijo de un comerciante, fue muerto por sus secuestradores, las autoridades han señalado que el número de casos no ha crecido de manera notable, pero repercuten por su profusa cobertura en los medios periodísticos.

El mayor número de hechos de este tipo se registra en la provincia de Buenos Aires, especialmente en el populoso cinturón urbano que rodea a la capital argentina, pese a lo cual el gobierno local ha concentrado el accionar policíaco en el robo de autos, delito asociado directamente con el aumento de los homicidios.

 

Uno cada 36 horas

De acuerdo a las denuncias oficiales hechas en la provincia de Buenos Aires, en 2002 se registró en promedio un secuestro extorsivo cada 36 horas en el distrito.

Hay que sumar además los casos que se resuelven sin intervención policial ni judicial, por temor de los familiares a realizar la denuncia de esta modalidad delictiva.

El gobernador bonaerense Felipe Solá incluso sugirió que ciertos jerarcas policiales, que abandonaron voluntaria u obligadamente la fuerza provincial y ahora se dedican a ofrecer servicios de seguridad privada, deben estar interesados en que los secuestros de gran resonancia se reiteren.

«Yo no descarto que algún policía retirado o exonerado pueda actuar en cualquier tipo de delitos, incluido secuestros», comentó Solá días atrás. (AFP) *

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