Dos homicidios cada 24 horas en la ciudad carioca

Violencia não tem fin

Todos los días los noticieros de televisión y las primeras páginas de los diarios despliegan imágenes aterradoras: una niña muerta a la salida del metro, una estudiante baleada en las puertas de la universidad, autobuses quemados y vías bloqueadas por narcotraficantes que se enfrentan a balazos, comercios cerrados por amenazas y turistas asaltados y hasta asesinados.

Entre los 300.000 turistas que visitan Río cada año, la víctima más reciente fue un alemán que murió de un disparo en la cabeza cuando resistió a un asaltante que intentó arrebatarle una mochila, en la que llevaba apenas unas prendas sin valor.

En esta urbe de seis millones de habitantes, ícono del turismo latinoamericano, se comete un promedio de dos homicidios diarios. En 2001 se contabilizaron 763 crímenes, según el más reciente informe del Consejo Nacional de Seguridad Pública.

Tan grande es la violencia que está cercando a la denominada ‘ciudad maravillosa’ que no sólo ahuyenta a los extranjeros. También espanta a sus propios habitantes: 55 por ciento de los cariocas confesó su deseo de emigrar. Casi la mitad de la población vive con miedo: 41 por ciento teme ser víctima de un asalto y 34 por ciento quedar atrapado en medio de un tiroteo, según reveló una encuesta de la empresa DataFolha.

Esos hechos son apenas la parte visible del «iceberg» de una «grave» situación de violencia, reconocida por el secretario de Seguridad Pública del estado de Río de Janeiro, Antonhy Garotinho, responsable del orden público de la ciudad.

Las más violentas

El ministro de Justicia, Márcio Thomaz Bastos, llamó la atención sobre la gravedad de la situación al revelar que Río de Janeiro, junto con Sao Paulo y Belo Horizonte, son las tres ciudades más violentas del país, cuyos gastos en seguridad equivalen al cinco por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) de Brasil.

Los crecientes índices de violencia no aparecen sólo en las grandes ciudades. El mismo fenómeno se registra en todo el país. Por eso es que Bastos, comprometido con un plan de seguridad nacional, aspira a coordinar en una sola cabeza las tres que operan en cada estado (federal, civil y militarizada).

Uno de los principales problemas para hacer frente eficiente y efectivamente a la violencia es, precisamente, la falta de coordinación en el manejo del orden público. Un ejemplo de ello fue lo que ocurrió en vísperas del último Carnaval de Río de Janeiro, cuando los narcotraficantes recrudecieron su violento accionar por toda la ciudad, poniendo en peligro la realización de esta fiesta emblemática de los cariocas.

Entonces, fue necesario llegar a un acuerdo con el gobierno federal para que enviara tropas a reforzar la seguridad y velar por la tranquilidad de los turistas. El caso de Río es comparado frecuentemente con la situación que prevalece en Colombia: esa violencia no sólo tiene sus orígenes en la miseria, sino que también obedece al gran crecimiento de la marginalidad en su periferia, de acuerdo con el sociólogo Tilio Kahn.

Ochocientos barrios

Esa marginalidad se evidencia en las famosas ‘favelas': se trata de 800 barrios marginales, poblados por 1,8 millón de personas, convertidos en bastiones de narcotraficantes y a los que la policía prácticamente no se atreve a ingresar.

Tan grande es la peligrosidad que representan estas ‘favelas’, en su mayoría enclavadas en las faldas de los cerros de la ciudad, que la gente evita vivir en los barrios aledaños a ellas, pero su crecimiento descontrolado extendió el problema hasta los distritos de la exclusiva y turística zona sur de la ciudad.

Los principales episodios de violencia que registra la ciudad corresponden a los continuos enfrentamientos armados entre bandas rivales del narcotráfico, que se disputan el control del negocio a sangre y fuego con sus enemigos otras ‘favelas’.

Cada muerte de narcotraficante provoca una invariable reacción de venganza y de demostración de poder: incendio de autobuses y la amenaza a los comercios que cierran sus puertas por temor a las represalias de los delincuentes, que sólo les basta hacer correr un rumor para lograr que el miedo se propague.

Esos enfrentamientos le han costado la vida a varios inocentes sorprendidos en medio del fuego cruzado o víctimas de una bala perdida. Una estudiante se encuentra tetrapléjica en la cama de un hospital tras recibir un disparo efectuado, al parecer, por un delincuente desde una ‘favela’ aledaña a la universidad. Una adolescente murió recientemente alcanzada por el fuego cruzado de policías y asaltantes. (AFP) *

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