Denuncian al diputado Chifflet un violento atropello policial

Golpeados y detenidos por un policía que se tornó rapiñero

Estos hechos ocurrieron el pasado domingo 4 del corriente mes, a la hora 7 de la mañana, y las víctimas denunciaron el atropello. Primero al diputado Guillermo Chifflet y éste, en presencia de los denunciantes, se comunicó con el ministro del Interior, escribano Guillermo Stirling.

El secretario de Estado solicitó una semana de tiempo para «poner las cosas en su lugar» y que una vez pasado ese plazo, volvieran a llamarlo. Los denunciantes hablaron a los siete días con la secretaria de Stirling, pero ella manifestó no estar enterada del tema. Fue entonces que llegaron a LA REPUBLICA.

 

Los protagonistas

Los protagonistas de esta historia de violencia policial, que nos devuelve a otras épocas, son dos jóvenes amigos de 25 años cuyos domicilios están en la calle Arturo Lezama 1977 y 1981, apenas separados por una pared. Se trata de Sergio Sánchez y Alvaro Rodríguez. Cuentan que «esa madrugada, luego de concurrir a un baile en el local de ‘Aruba’, salimos cerca de las 7 de la madrugada para retornar a nuestros hogares».

«Cuando íbamos caminando por Rondeau y Nicaragua, vimos a un muchacho sentado en un muro. Pasamos junto a él y continuamos nuestro camino. Pero el joven comenzó a seguirnos y eso nos puso alertas, porque pensábamos en un asalto. Dos cuadras después, se aproxima y me pide la billetera, a lo que me negué. ‘Entonces, dame 200 pesos’, me dijo». «Vestía de particular y nosotros en ningún momento pensamos que era un policía. Más bien pensamos que era un rapiñero. Además, él nunca se identificó como policía».

«Como estábamos cerca de nuestros domicilios, empezamos a correr», dijo Alvaro. Fue entonces que el desconocido nos gritó: «No corran que los agarro y los pico». Nosotros seguimos, seguros de que estaba drogado.

«Fue entonces que llegamos frente a nuestras casas. Eran las 7 de la mañana y el tipo nos alcanzó. Empezamos a discutir y yo le ofrecí mi billetera, para poner un punto final. El me dice: ‘Contigo no es'», y encaró a Sergio, quien tomó la palabra. Dijo Sergio: «Como la cosa se ponía fea, entré corriendo a casa y tomé un palo, pero no para atacarlo, sino para intimidarlo y lograr que se fuera».

Luego, Alvaro, comenzó a empujarlo hacia la esquina , oportunidad en que el tipo le tiró un puñetazo amenazándolo con denunciarnos a la 6ª. «Finalmente se retiró, aunque en ese momento vimos que una vecina había salido a la calle alertada por los gritos y había visto todo. Nos preguntó qué había sucedido y yo le dije que nos había querido robar».

 

Vienen refuerzos

Sergio prosiguió su relato: «Luego del incidente nos fuimos a dormir. Eran como las 10 y 30 cuando sentí gritos y me desperté. Entonces me veo rodeado por granaderos armados a guerra que me apuntaban, me tomaron por los pelos y luego me tiraron al suelo donde me golpearon con garrotes y me patearon. Otros numerosos hombres uniformados como policías, que dijeron ser del DOE, procedieron a revolver toda la casa. Eran como 15 que estaban respaldados por un grupo de choque. No entendíamos nada. Nos tiraron gas a la cara y nos sacaron a la calle en ropa interior, frente a la vista de los vecinos, siempre apuntándonos con sus armas».

«Entonces apareció un tal subcomisario Guillermo Espósito quien dijo estar a cargo del operativo. Mientras tanto, otros policías habían ido a la casa de mi amigo, donde fueron atendidos por su padre, Ramón Rodríguez. Esta vez, por la presencia de este testigo, los policías aplacaron sus ánimos y no golpearon al hijo de Rodríguez.

Pero esposaron a los dos jóvenes y los llevaron al DOE, junto con otro familiar y un segundo amigo. «Bajo prepotencias verbales e insultos nos metieron en calabozos separados, detenidos.

«Nunca supimos el motivo del atropello, si es que había algún motivo, o tal vez una equivocación  dice Alvaro  lo cierto que a las tres horas nos llevaron esposados al Hospital Maciel. Nos revisaron y nos llevaron de vuelta al DOE para conducirnos sobre las 16 horas, al Departamento de Vigilancia de la Dirección de Investigaciones, donde nuevamente nos interrogaron. Alrededor de las 21 horas, luego de ser insultados y tratados como pichis, nos dejaron en libertad, sin ninguna clase de explicación. Solamente un oficial de Vigilancia, dándose cuenta de la barbaridad y salvajismo que sus compañeros del DOE habían cometido, dijo que lo sentía.

Toda la familia de los dos jóvenes, amigos y vecinos que los conocen desde niños y saben de su honestidad, se manifestaron sumamente indignados con el atropello sin sentido. Por ese motivo, concurrieron al despacho del diputado Guillermo Chiflet, quien tras escuchar el relato, llamó por teléfono al ministro del Interior, Guillermo Stirling, y le denunció formalmente los acontecimientos. El ministro dijo que se iba a «ocupar» y al otro día llamó al padre de Alvaro para transmitirle la seguridad y garantías de que se iba a ocupar del caso y le dio el nombre y teléfono de su secretaria para que se comunicara con ella en el plazo de una semana.

Así lo hizo el señor Rodríguez. Cuando habló con la secretaria de Stirling, se sintió sorprendido y asombrado por el hecho de que la secretaria no había recibido ningún instructivo del ministro Stirling y que ella no sabía de qué le estaba hablando. El señor Rodríguez, terminó aclarando: «Fue entonces que al ver que el ministro había arrojado el tema a la papelera, resolvimos venir a LA REPUBLICA. Porque la gente tiene que saber lo que pasa». *

LA REPUBLICA el salvajismo policial.

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