Asaltó un ómnibus y se fue de "farra" con dos mujeres
La decisión del juez Penal de 17º Turno sobre el futuro de MMCR fue tomada ayer sobre las 15 horas. Culminaba así una eficaz investigación de la Seccional 21ª iniciada momentos después de una nueva rapiña contra un ómnibus, en este caso contra la línea 582 de Come en la noche del viernes.
El delito había sido consumado en la terminal del colectivo, sita en Hudson y Coronel Raíz, en las inmediaciones del barrio Ferrocarril. Allí el joven e inexperto delincuente sorprendió al conductor cobrador de una unidad que acababa de culminar su recorrido. Lo apuntó con un arma y lo obligó a entregarle la recaudación, una suma de 5.800 pesos según denunció la víctima.
Ya con el botín en su poder, el rapiñero se dio a la fuga. No tardó mucho en concretarla, ya que el individuo vivía a escasas cuatro cuadras del lugar del golpe. Dejaba en evidencia así su inexperiencia al realizar un atraco no sólo en su mismo barrio, sino que a pocos metros de su hogar.
Los funcionarios de la Seccional 21ª comenzaron a trabajar rápidamente en el caso y en base a declaraciones de testigos supieron el rumbo que había tomado el delincuente, y a partir de allí comenzaron a reunir una serie de evidencias. Mientras esto ocurría, el joven vivía su momento de gloria y decidió salir a festejar con dos mujeres.
Tras el festín regresó a su casa y se acostó a dormir, sin saber que el del sábado sería un despertar atípico. A las 12 y 30 los pesquisas tenían identificado su domicilio sobre la calle Heine y procedieron a su detención. El muchacho negó en todos los términos haber consumado la rapiña, pero a medida que los efectivos comenzaron a inspeccionar la morada, su coartada quedó trunca.
El muchacho vivía en una pieza lindera a la casa de sus padres, quienes no daban crédito a lo que estaba pasando, a medida que comprobaban que los policías hallaban pruebas del delito. Un revólver calibre 38 con un proyectil, ropas similares a las usadas por el atracador y 1.600 pesos que le habían quedado del botín.
Entonces el muchacho no tuvo otra alternativa que asumir su culpa y explicó cómo había hecho para llevar adelante el asalto, y que después de eso se fue a celebrar con dos amigas, gastando parte del dinero en comida y bebidas, al tiempo de haberle dado mil pesos a una de ellas. Las chicas no tuvieron nada que ver en el plan y por tanto ni siquiera fueron citadas al Juzgado.
Pero MMCR no corrió la misma suerte y tras una noche de fiesta enfrentó su primer juicio que a la postre se tradujo en prisión. *
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